Otoño riojano.
Me apetecía dejar hoy una foto muy sencilla. La saqué en La Rioja, creo recordar que a la salida de Covarrubias, la hice porque es justo la metáfora perfecta de lo que para mí es el otoño. La segunda creo que a la salida de Haro.
En el momento de sacarla me sentía absolutamente feliz. Habíamos tomado un cafetín, íbamos viendo cosas distintas, no hacía ningún calor, la mañana se aquietaba…
Me gusta viajar, aunque a veces me canso, pero esos días fueron entrañables y bellos, y al ver el decorado que se me ofrecía decidí llevarme conmigo el instante.
Aquí queda, en fotografía.
Vitoria y la luz.
En Vitoria solamente estuvimos una mañana; tiempo suficiente para dar un paseo, comer extraordinariamente bien y tener la sensación de “amplitud”; lo poco que se nos ofreció me hizo pensar en una ciudad de espacios abiertos, de plazas amplias, de luminosidad.
Curioso esto de la luminosidad; la Rioja es un país lleno de contrastes, por lo que yo ví. Al lado de viñas y llanura con todos los matices del verde, el ocre y el amarillo, la zona de San Millán, Haro, o Santo Domingo de Silos se agrisa y los tonos perla y la bruma son como una capa sobre el verde. Sin embargo, Vitoria(Álava), al menos las horas que estuvimos nos regaló un cielo en azul que me recordó los cielos de Castilla. Diferencia entre provincias…
Eso sí, Vitoria estaba en obras – como casi toda España, por otra parte- y eso evitó que el paseo fuera algo más largo; bueno, tiempo a sacar fotos como ésta sí que nos dio…
Un escorpión en Iberia.
Me llega una noticia curiosa y que me deja absolutamente perpleja.
Lo cuento tal como me llega:
Resulta que un españolito normal y corriente toma un vuelo en San José de Costa Rica con dirección Barajas el fin de semana pasado, en la compañía Iberia. Y sucede que en el “equipaje” que acompaña a un viajero o viajera viaja además otra cosa, por más señas animalito, que debía aburrirse mucho porque pica dos veces a nuestro paisano en la mano y en la espalda.
El animalito picador no era un mosquito.
Era un escorpión.
El héroe de nuestra historia (o sea el sufriente agredido) ha sido ya tratado por los médicos, y se encuentra de baja laboral (además de por el ataque del bichito porque sufre secuelas de ansiedad y stress reconocida en el médico).
Esto muestra las excelentes medidas de seguridad de nuestro aeropuerto; te tienes prácticamente que desnudar para que no te confundan con un terrorista, tienes que mostrar el inhalador para la alergia no vaya a ser una bomba, pero… ¡oh milagro!, te dejan pasar escorpiones.
Me pregunto si el cariñoso bicho hubiera decidido probar la piel del piloto qué hubiera pasado…
Creo que en el avión consolaron mucho al pasajero al decirle que el escorpión era inofensivo y que eso se curaba con “una pomadita”…
O sea, que pomadita también se puede llevar en los vuelos de Iberia; no solo escorpiones.
Por cierto, creo que al susodicho lo metieron en una bolsa (al escorpión, claro, no al pasajero) y siguió viaje con toda felicidad… También me cuentan que hubo desalojo del avión para “desinfectar”… imagino que cuando tomaron tierra…
¡Para que luego digan que las normas son para todos !…
Una princesa en Covarrubias
En 1257 una princesa noruega se casa con un infante en Covarrubias.
Cristina es noruega. Estamos en el siglo XIII. Plena edad Media, “siglos oscuros” los llamaron algunos olvidando todos los focos culturales en lo que aún no era España, pero ya hablaba romance. Cantaban juglares y trovadores recitaban en las cortes de los reinos y condados. Y mientras tanto, una princesa noruega viaja hacia Covarrubias…en la montaña riojana, tan lejos- qué lejos estaba entonces todo- para casarse con el infante Felipe.
Y es de suponer que atravesando el mar soñara la princesita con su riojano desconocido, y que mientras esperaba el infante, pensara en cómo sería aquella que, océano a través y luego caminos y sendas iba ya llegando a esta altura, a este verde – eso sí les unía- para mirar sus ojos.
No tienen un glosador, ni un poeta que les cante los dos enamorados:
Pero aquí tenemos la imagen de Cristina; la lejana norteña que llegó a otro Norte…destinos hay que finalizan en el mismo punto cardinal.
Un hotel en Santo Domingo de la Calzada.
Como las cosas son como son y una es como es, sucede lo que ocurre y pasa lo que pasa.
Y ahora voy y me explico porque parezco un libro cerrado.
Ya saben ustedes que me fui de viaje. Y también saben que volví. Y también que les dije ayer que ya les contaría.







