La Sentencia del 11M
No fue ETA.
No fue ETA, no fue una conspiración, no fue un golpe de mano encubierto, no fue instigación del PSOE.
La “gente de bien” lo supimos el mismo 11M.
Con su permiso nos apropiamos de la credencial. La “gente de bien”, la que el 11M pidió responsabilidades, pidió la verdad y se echó a la calle, la que votó Libertad y no mentiras.
No fue ETA.
No fue una conspiración.
No fue un golpe de mano.
La “gente de mal” perdió las elecciones por mentir al pueblo.
Esperamos con expectación las excusas públicas del señor Aznar, del Señor Zaplana, del señor Acebes y del señor Rajoy como máximo representante de la oposición, por mentir, falsear la realidad, intentar manipular al país y llevar dos años injuriando. Y por supuesto la dimisión de todos sus cargos públicos.
Lo pedimos “la gente de bien”.
Garzón imputa a Marruecos.
Leo una noticia que parece haber pasado de puntillas por el tráfago de información cotidiana que a veces nos sobrepasa.
Claro, hoy estarán todos los medios ocupándose de la sentencia del 11M, y con toda razón. Por eso la hago notar horas antes, porque me parece que también merece destacarse.
El juez Garzón ha abierto diligencias previas por genocidio y torturas contra ciudadanos saharahuis por parte del gobierno de Marruecos en la década de 1970-1980.
Me parece importante esta decisión, que atiende parece ser a una querella interpuesta en el 2006 por una asociación de defensa de los derechos de este pueblo.
El tema del pueblo saharaui es sangrante; hace poco más de un año tuve la ocasión de asistir en directo a la conferencia que en Madrid dio su máximo representante del Estado, y las conclusiones sobre la violación de derechos humanos por parte de Marruecos eran demoledoras. Con Marruecos tiene España una relación cuando menos curiosa; da la sensación a veces de que los diversos gobiernos de la nación prefieren obviar el tema saharaui como si éste no fuera con ellos; aceptando de paso una relación diplomática con Marruecos; un país que es muchas cosas salvo democrático.
Veremos en qué para el tema de Garzón, pero a mí me satisface enormemente que se haya dado este paso adelante.
Perder la perspectiva (Héroes del Silencio)
Ayer por la noche salieron unas imágenes en televisión española surrealistas. Ocurre que “Héroes del Silencio” ofreció un recital en Barcelona, y parece que se formó un atasco espectacular, digno de mejor causa. Por esta frase que acabo de escribir me matarán todos aquellos que hayan sufrido el atasco y no hayan podido entrar.
El caso es que todos los que iban fueron- en una gran mayoría- en coche y claro, con lo bien que anda el tráfico y los transportes en Barcelona pues se formó un jaleo de tales dimensiones que muchísima gente con la entrada comprada no pudo ni siquiera llegar a su destino.
Por una parte esto indica una desorganización propia de un país tercermundista, por otra indica la capacidad de convocatoria del grupo; y eso parece ser que no se previno. O más bien, lo que no se previno fue el atasco a que iba a dar lugar.
Además parece que el grupo empezó el recital a la hora prevista sin tener en cuenta lo que estaba pasando fuera, con lo que a mucha gente ni la dejaron entrar.
Un fiasco, vaya.
Pero a lo que yo iba y ya supongo que alguna gente me matará por ello, es a las imágenes que aparecían en la televisión. Gente desesperada, “jurando en arameo”, personas que llegaban desde Andalucía, desde Galicia… Gente que había pagado no sé si cuarenta u ochenta euros exactamente por asistir a un concierto y que no solo perdía el dinero de la entrada, sino que se tenía que volver por donde había venido.
Y viéndolo, me quedaba pensando si esta misma gente desesperada, enfadadísima, con su automóvil aparcado de mala manera, haría el mismo esfuerzo, formaría el mismo atasco, llenaría el mismo recinto si el motivo fuera pagar cuarenta euros para ayudar a la gente que se ha quedado sin casas en Andalucía hace unas semanas.
Sí. Se pueden hacer las dos cosas, por supuesto. Se puede ser solidario e ir a un concierto de Héroes del Silencio, claro que sí. No estoy diciendo eso. Estoy diciendo que me parece, viendo esas imágenes, que se pierden un poco las referencias a veces; que dar esa suma importancia a un concierto indica una cierta pérdida de perspectivas. Que me gustaría ver esa actitud no solo para eso sino para otras cosas, para otras actividades, para otras causas. De pagar cuarenta euros por asistir a este concierto solo se beneficiaban los que lo promovían (que para eso lo promovían) y los oyentes que escuchaban la música. ¿Es necesario todo ese maremagnum?…
“Te lo digo con todo cariño”
¿Porqué será que esta frase siempre es falsa?; y, ¿porqué será que siempre que se usa esta frase es para ponernos a parir?…
Pensando estos días en las frases que usamos, esas frases hechas, que utilizamos para apoyar cualquier cosa, refranes, sentencias, dichos del común, se me vino a la mente ésta. “Te lo digo con todo cariño”.
Una esperaría que cuando le dicen a una algo con todo cariño sea algo agradable: “Te lo digo con todo cariño, qué agradable me resulta tu compañía”; “te lo digo con todo cariño, te eché de menos el tiempo que no nos vimos”; “te lo digo con todo cariño, me gusta mucho lo que estás haciendo”…
Pues no. Esta frase se usa siempre como introductor justificatorio de la crítica que nos van a hacer…eso sí; “con todo cariño”. Una, que es muy pero que muy borde- afortunadamente- anda sobrada de introducciones de oraciones subordinadas negativas, sinceramente. “Te lo digo con todo cariño; no deberías hacerlo porque no te conviene”; “te lo digo con todo cariño, te equivocas cuando opinas así”, “te lo digo con todo cariño, vamos a hacerlo como digo yo”.
No me lo diga “con todo cariño”: dígamelo si lo piensa, pero no me sea hipócrita encima. Porque, “se lo digo con todo cariño: su opinión me importa un bledo si la frasecita significa que solo me tendrá cariño cuando le haga caso a usted”.
Luz de domingo
El domingo es un día calmo. Tienen un deje especial los domingos, una paz en el aire que no poseen otros de la semana. El sábado por ejemplo es un día claro, bullicioso, prometedor, con apariencia de entretenimiento, con propuestas en el futuro.
Pero el domingo es un día de suavidades, de sencillez. Recuerda a chimeneas y ventanas encendidas, a chocolate caliente, a café del desayuno en tranquilidades.
Las tardes del domingo, sobre todo si es invierno, se pausan; se deslizan, se acurrucan en los fríos ventanales, descubren los ojillos de las lamparitas caseras, la bata en la que nos envolvemos para leer el libro, el paseo si hace sol, después de comer, mientras el sol se refleja en los tejadillos y se queda pariendo una luz entre rojioro y malva en plata.
El domingo es un día de lentitudes del corazón. De tiempo quieto, de interiores.
Por eso me agrada tanto el domingo. Porque en él me parece que me recojo, me afianzo, me enraízo en lo cotidiano, en lo de siempre, en lo que no se muere…








