Bitácora de Alena Collar

Una Ventana donde asomarse

Luz de domingo

 

El domingo es un día calmo. Tienen un deje especial los domingos, una paz en el aire que no poseen otros de la semana. El sábado por ejemplo es un día claro, bullicioso, prometedor, con apariencia de entretenimiento, con propuestas en el futuro.

Pero el domingo es un día de suavidades, de sencillez. Recuerda a chimeneas y ventanas encendidas, a chocolate caliente, a café del desayuno en tranquilidades.

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Las tardes del domingo, sobre todo si es invierno, se pausan; se deslizan, se acurrucan en los fríos ventanales, descubren los ojillos de las lamparitas caseras, la bata en la que nos envolvemos para leer el libro, el paseo si hace sol, después de comer, mientras el sol se refleja en los tejadillos y se queda pariendo una luz entre rojioro y malva en plata.

El domingo es un día de lentitudes del corazón. De tiempo quieto, de interiores.

Por eso me agrada tanto el domingo. Porque en él me parece que me recojo, me afianzo, me enraízo en lo cotidiano, en lo de siempre, en lo que no se muere…

Octubre 28, 2007 - Publicado por alenar | General | | 1 comentario

1 comentario »

  1. Comparto la sensación de tranquilidad en las mañanas de domingo, agradables para mi corazón, incluso esa lentitud en la tarde, sin embargo, en estas el domingo se me espesa y atraganta, es más fin que promesa, más inquietud que paz de la que disfrutar… Me parece interesante la visión subjetiva de los días, las mismas sensaciones y la variedad de interpretaciones.

    Me quedo con tu texto.

    Comentario por divergencias | Octubre 28, 2007


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