Para Leer Rayuela, de Cortazar.

 

Han publicado un cuento inédito o semi inédito de Cortazar y al hilo de esto recuerdo la primera vez que leí a este escritor. No leí primero Rayuela, sino un cuento del que no recuerdo ahora el título, en una antología barata que se tituló “Todos los fuegos, el fuego“.

Entonces existían antologías baratas en España, hechas aposta para gentes como yo; es decir, para estudiantes. Ahora las antologías para estudiantes las hacen pensando en estudiantes de colegios pijos, o así, porque cuestan un ojo de la cara y la introducción ocupa el triple que el propio libro, con lo que hace negocio la editorial, el autor del estudio, la librería, y el estudiante sigue saltándose- como siempre- la introducción y mal leyendo el texto, además de gastándose las pelas, que a veces tampoco tiene, con lo que debe recurrir a las bibliotecas públicas; que, naturalmente, no le dejan sacar esa edición en concreto, porque está marcada con el circulito rojo, por si la “destrozan”.

Pero yo leí a Cortazar en una de aquellas ediciones baratas.

Y Cortazar en principio me desconcertó muchísimo. Al principio no entendí gran cosa; hasta que conseguí meterme en una atmósfera muy particular en la que nada es lo que parece, y todo es como podría haber sido.

Y desde entonces empecé a querer tanto a Julio.

Unos años después llegué a Rayuela.

Para llegar a Rayuela hay que desnudarse de formas de lecturas previas, olvidar todos los estilos que una aprendió en los libros, desconocer la estilística, los preceptos literarios y las normas de ortodoxia escritural.

Para leer Rayuela hay que amar París aunque no se haya ido nunca, soñar paraguas y piolines y tener el deseo imposible de encontrar a Oliveira- o a la Maga- detrás de alguna farola iluminada por la lluvia de todos los anocheceres que quisimos tanto.

Y haber escuchado a Charlie Parker en algún viejísimo tocadiscos polvoriento, lleno de arañazos y raspaduras, mientras el humo de los cigarros nos dejan en penumbra esa luz macilenta de los noviembres invernales en los que alguien ha entrado en casa y son las once de la noche y no se ha ido, y no se va, y la compañía determina otras soledades, u otras intimidades, o vaya usted a saber qué.

Hay que saber que un paraguas tiene varillas que se rompen, y que cuando se rompen puede sonar como un ruidito de cristales astillados bajo la soledad del tiempo que se marcha, pero que también hay parques donde esconderse y jugar a rayuela- precisamente- salto, saltas, adelante, un pie, otro… y volverse quimérico, y adolescente, y tener sueños de gloria que nunca- claro- conseguiremos, porque el tiempo y la vida nos dejarán dicho para siempre que la Rue du Seine no es un lugar, sino un molino de viento sobre nuestra cabeza como dice la vieja canción, que aventamos solo con el recuerdo imposible de haber querido alguna vez ser felices.

Hay que releer Rayuela siempre; para ahuyentar el desamparo, el miedo, la incertidumbre, el abandono, la soledad, el dolor, la tristeza, y encontrar en las viejas páginas de ese libro ya tan gastado por nuestras propias manos, la sensación de que alguna vez un argentino completamente majareta nos escribió la vida como si realmente nosotros fuéramos Oliveira o la Maga y estuviéramos a punto de cruzar todos los puentes de París abrazados bajo el agua.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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2 respuestas a Para Leer Rayuela, de Cortazar.

  1. Armorius dijo:

    Bonito.

    Yo también conocí a Cortázar en una antología económica que aún conservo, aquella “La isla al mediodía y otros relatos” de Salvat, ¿la recuerdas?

    Besos.

  2. mariaangul dijo:

    Me ha encantado esta lectura. De verdad que sí. Feliz año.

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