Anticlericales
Leyendo un artículo de El País digital, acerca de la iglesia católica, en el que hace referencia a que con su actitud está consiguiendo resucitar el viejo anti clericalismo de las izquierdas, me parece que lleva bastante razón.
A la izquierda española en estos últimos veinte años- hablo muy en genérico- le ha traido bastante al fresco la opinión de la iglesia, más que nada porque- también hay que reconocerlo- con sus más y sus menos- la iglesia aceptó la constitución de la democracia y aún con su cuota de poder- enorme, también es cierto- se mantuvo en general en un ámbito discreto de relevancia.
Como debe ser. Porque la iglesia no salvo una organización que debe atender a aquellos que pertenecen a ella y -ya puestos- ayudar a los desfavorecidos que dicen que les importan mucho.
La iglesia en España no ha contribuido en nada al bienestar democrático pero hasta ahora y desde 1975 no lo ha estorbado.
El problema sucede cuando la iglesia considera que dadas las trazas de vocaciones, falta de numerario, pérdida de poder temporal, y restricciones lógicas en un país democrático a sus deseos de control de vidas y haciendas, la iglesia se tira al monte enarbolando dogmas de fe del siglo XIV.
Conozco católicos españoles avergonzados del miserable espectáculo que están dando. Y eso es lo grave para ellos.
Eso entre otras cosas.
Pero vamos con el tema del anticlericalismo de las izquierdas, desde el punto de vista del ciudadano sencillito, vulgar y corriente y sí, de izquierdas.
No se trata de que uno mire a la iglesia y piense en genérico que la iglesia es esto o lo otro. Se trata de escuchar y ver. Y cuando las manifestaciones, los actos, las consideraciones de los representantes de la iglesia son del calibre que son, cuando se denosta a homosexuales, se insulta a las personas por elegir libremente, cuando se escucha que en sus manifestaciones la palabra que consideran un insulto es por ejemplo “homosexual”, cuando se escucha escupir al obispo de Tenerife, cuando se comprueba que en una parroquia de Madrid se cierra la posibilidad de ayudar porque no le conviene al monseñor de turno, cuando en vez de caérseles la cara de vergüenza omiten juzgar los casos de pederastia surgidos en su seno, cuando se agita el espantajo del España se rompe como si la única España posible fuera UNA GRANDE Y LIBRE, dan ganas de vomitar.
Y aunque no lo fuera, termina uno siendo no solo anticlerical sino apóstata.
La Iglesia Española se opone:
Al matrimonio homosexual.
Al divorcio.
A lo que llaman adulterio.
A la enseñanza de valores democráticos consagrados por la Constitución.
A la posibilidad de mayores cuotas de autonomía en las naciones históricas que conforman España.
Al estatuto Catalán.
A la investigación con células madre.
A la ley de memoria histórica.
A la decisión individual de cada ser humano de decidir su propia muerte.
Al aborto. (da lo mismo que corra peligro la vida de la madre)
Y todavía quieren que no seamos anticlericales.









