Bitácora de Alena Collar

Una Ventana donde asomarse

Una ráfaga.

 

Tenía yo pensado y hasta escrito mi articulito de hoy, tan mono él, tan puesto, tan repolítico, ay por Diox, y así como de pronto me ha dado la ventolera, y me he dicho así a mí misma, sí, que no.

Es sábado. Y en Madrid, como de modo sigiloso, como apuntando, como sin prisa pero suavecito, hemos tenido un día, que sí, que era fresquito pero que empezaba a presagiar esa luz, esa tibieza del sol, esa sensación repentina, en un azul más puro, en un pájaro suspenso junto al árbol, en un claro entre las nubes blancas.

Esa sensación difusa, que probablemente mañana habrá desaparecido, que solo aún es de vez en cuando, ese divagar del aire, sin terminar de ser frío, que avisa, que asoma, que enseña.

Como un ave ligera y pausada, mientras muy lentamente empiezan a alargar los días…

Hoy.

Una ráfaga de lo que más tarde será primavera.

 

Enero 26, 2008 Publicado por alenar | Del vivir habitual | | 1 comentario

Eligiendo Libros.

Tarde que dedico a temas que me relajan y me divierten. Eso quiere decir que me voy a visitar la Librería Rafael Alberti, y a escoger unos cuantos libros. Tres en este caso. Dos pedidos hace mas de un mes y otro que adquiero nada más verlo allí.

Me gusta pasear entre libros; quizá porque para mí comprar o que me regalen un libro es una fiesta.  Me gusta hojearlos, y echarles un ojo, que son cosas distintas; me encanta pararme a elegir, dudar entre una biografía, una correspondencia, una novela o un libro de poemas, me divierto palpando textura y encuadernación, sopesando qué me apetecerá más, rebuscando por los anaqueles. Igual me encanta el regalo de un libro; detrás de ese envoltorio que deja adivinar la letra impresa, pero que aún no sé qué contiene, se encuentra un mundo nuevo que se me ofrece, una compañía nueva, un amigo para siempre. Leer libros, tenerlos después en casa, como acogidos ya para toda la vida en el marco de lo cotidiano es para mí uno de los goces de vivir.

Siempre que estoy en una librería, en cualquiera, pero especialmente en la Librería Alberti, me siento en casa, en un ambiente que reconozco como mío, lejos del ruido, lejos de un mundo que muchas veces me perturba, o me causa problemas, o me saca de mi lugar natural, que es el interior, lo íntimo, lo recogido, lo apacible.

Hay un aroma en las librerías de verdad- es decir, en las Librerías con mayúsculas, las que cuidan al lector, las que saben qué es un lector- que los que las frecuentamos siempre reconocemos; un aroma a tinta, a papel, a tiza en ocasiones, que acoge y acompaña el tiempo de elección.

Elegir un libro es un rito; no se compra un libro como unos zapatos, ni como un reloj, elegir un libro es elegir a quién das tu confianza para acompañarte por las noches, cuando todo queda en silencio y alguien a través de las letras te habla solo a ti.

Por eso he disfrutado tanto esta tarde; como cada vez que voy a Alberti. Allí, me tenían guardaditos, esperando -pobrecitos míos- dos de los nuevos compañeros; las memorias de Vollard, y las cartas entre Carmen Conde y Ernestina de Champourcin; allí he encontrado a Ester Tusquets, con su Habíamos ganado la guerra . Luego, he salido despacito a la tarde de frío, con mi paquete bajo el brazo, que calentaba el corazón.

Enero 26, 2008 Publicado por alenar | Literarismos | | 3 comentarios