Bitácora de Alena Collar

Diario de cosas que pudieron suceder

Eligiendo Libros.

Tarde que dedico a temas que me relajan y me divierten. Eso quiere decir que me voy a visitar la Librería Rafael Alberti, y a escoger unos cuantos libros. Tres en este caso. Dos pedidos hace mas de un mes y otro que adquiero nada más verlo allí.

Me gusta pasear entre libros; quizá porque para mí comprar o que me regalen un libro es una fiesta.  Me gusta hojearlos, y echarles un ojo, que son cosas distintas; me encanta pararme a elegir, dudar entre una biografía, una correspondencia, una novela o un libro de poemas, me divierto palpando textura y encuadernación, sopesando qué me apetecerá más, rebuscando por los anaqueles. Igual me encanta el regalo de un libro; detrás de ese envoltorio que deja adivinar la letra impresa, pero que aún no sé qué contiene, se encuentra un mundo nuevo que se me ofrece, una compañía nueva, un amigo para siempre. Leer libros, tenerlos después en casa, como acogidos ya para toda la vida en el marco de lo cotidiano es para mí uno de los goces de vivir.

Siempre que estoy en una librería, en cualquiera, pero especialmente en la Librería Alberti, me siento en casa, en un ambiente que reconozco como mío, lejos del ruido, lejos de un mundo que muchas veces me perturba, o me causa problemas, o me saca de mi lugar natural, que es el interior, lo íntimo, lo recogido, lo apacible.

Hay un aroma en las librerías de verdad- es decir, en las Librerías con mayúsculas, las que cuidan al lector, las que saben qué es un lector- que los que las frecuentamos siempre reconocemos; un aroma a tinta, a papel, a tiza en ocasiones, que acoge y acompaña el tiempo de elección.

Elegir un libro es un rito; no se compra un libro como unos zapatos, ni como un reloj, elegir un libro es elegir a quién das tu confianza para acompañarte por las noches, cuando todo queda en silencio y alguien a través de las letras te habla solo a ti.

Por eso he disfrutado tanto esta tarde; como cada vez que voy a Alberti. Allí, me tenían guardaditos, esperando -pobrecitos míos- dos de los nuevos compañeros; las memorias de Vollard, y las cartas entre Carmen Conde y Ernestina de Champourcin; allí he encontrado a Ester Tusquets, con su Habíamos ganado la guerra . Luego, he salido despacito a la tarde de frío, con mi paquete bajo el brazo, que calentaba el corazón.

Enero 26, 2008 - Publicado por alenar | Literarismos | | 3 comentarios

3 comentarios »

  1. Alena

    Creo que te haré llegar un libro. No sé cómo, pero ya me las arreglaré. Hace tiempo que lo he pensado, creo que te gustará. Es un libro de Arte, de pintura. Por una casualidad en la Editorial me lo duplicaron al hacer el envio. Y lo tengo sobrante, es un libro MUY CARO, así que espero que lo cuides. Es grande, y forma parte de una coleccción muy cuidada sobre pintores gallegos, te lo envio porque sé que te va a gustar mucho. Hay unas láminas de Castelao que son una divinidad, y más mucho más. Ya me dirás algo cuando lo recibas.

    Comentario por isabel | Enero 26, 2008

  2. Es como si estuviera leyendo mi propio sentir: bibliotecas, librerias, son una concertada cita que siempre responde a la pasión que siento por los libros. Tengo que reconocer, Alena, que me superas en lecturas.

    Comentario por Pilar | Enero 27, 2008

  3. Ay, Alena, con tu escrito me has hecho recordar el aroma de la vieja biblioteca de mi pueblo y de mis años de infancia y juventud.
    Besos
    Emma

    Comentario por Emma Rosa | Enero 28, 2008

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