Pensión completa.
Por acabar el día con algo ligerito, y que mañana se desayunen mis lectores con una sonrisa:
Leo en la edición impresa de El País de hoy, en su suplemento de El Viajero, un reportaje subliminalmente publicitario de los diversos cruceros que se pueden hacer por los españolitos de a pie.
Es decir, por los españolitos que El País considera de “a pie”…
Porque claro, un crucero viene a costar entre 500 euros lo más baratito y siete mil, aunque hay alguno de más “nudos” monetarios (por seguir con la terminología).
Pero no es esto lo que me ha hecho reírme a carcajadas, sino que todos los cruceros se anuncian con “pensión completa”…
Y una se imagina al viajerito de a pie, ese que piensa El País que tiene los siete mil euros para el crucero, o sea, el vulgar…tirándose por la borda para cenar pescado porque no quiso contratar la “pensión completa”…
Es una joyita el artículo publicitario: está lleno de cosas similares a estas; ocho días en la costa italiana (cito de memoria) viendo ocho ciudades; una no sabe si en bañador, o sea, llegada, lanzamiento al agua, desembarco, secado, fotito y vuelta nadando al barco que se marcha a por la otra.
Ya sé que hay gente que hace cruceros, por supuesto, pero de verdad que leyéndolo me parecía cuando menos divertido imaginar al funcionario o currante de turno, leyendo el mismo artículo y diciéndole a su maripuri: “chata, esto es lo nuestro”…
Y a pensión completa: ¡El no va más!…
Estos publi-reportajes que pasan por artículos para gente culta y que “goza del ocio”, son la muestra de lo que deben hacer los periódicos para sacar pasta. He perdido la cuenta de la cantidad de agencias de viajes, tours operators y grandes almacenes que se citan en el panfletito; eso sí, agradecidísimos todos a la publicidad; por supuesto nunca gratuita, sino pagada a precio de oro.
Que ustedes lo naden bien…
Joachim Fest: Jo, no y la paradoja.
Leo, en catalán por una simple cuestión de que llegó primero en este idioma y no en castellano, a Joachim Fest, y su libro Jo, no.
Ojeando de modo superficial el libro, uno podría pensar que es un escrito más acerca de las vivencias en la época hitleriana y en la posguerra.
Sin embargo el libro es bastante más que un relato subjetivo de los hechos. Es una explicación bastante objetiva e incluso distante del porqué todo un país fue capaz de olvidar la racionalidad y caer en el estado de bestialidad colectiva que trajo el dominio nazi, no solo en Alemania, sino después en Europa.
Fest escribe en primera persona para darnos cuenta y fe de vida de una familia, la suya, y de unas relaciones en Alemania, que pudieran ser muy generales, muy aplicables a lo que se denomina clase media culta de la época.
Una ciudadanía que transitó por la política obviando lo obvio porque “no era posible que fueran a hacer tales cosas, no llegarán a tanto”.
Pero llegaron. A eso, y a mucho más. Y Fest se interroga continuamente por las causas finales y por las consecuencias posteriores de ello, analizando el sentimiento de culpa, y las relaciones a que esto condujo.
Hay en el libro una sensación de resignación fatalista. Como si Fest dijera entre líneas que “Alemania estaba abocada a este camino”, que las gentes vulgares, sencillas y corrientes simplemente se dejaron llevar, que ninguno pudo terminar de creer los horrores nazis hasta muchos años después. Es un libro difícil de, digamos, digerir; por ejemplo, la derrota de Alemania, que para el mundo libre significó la derrota de Hitler, el terminarse una vergüenza indescriptible, para él, que también está de acuerdo con eso, significa además la derrota de Alemania como nación. Y aquí es donde se me produce a mí esa sensación de paradoja que cito en el título: Fest de modo inconsciente, cuando habla del final de la guerra se siente derrotado; es más alemán- por así decirlo- que ciudadano.
Esta es la paradoja de un, por lo demás, excelente y muy inteligente libro, que sin embargo deja al lector un cierto regusto de amargura.
Solo ante el peligro
Pero, qué he hecho yo para merecer esto?…
Sigo con la historia surrealista del nombre y del usuario.
Y lo cuento.
Me pongo en contacto con soporte y en inglés ya que así lo piden pido username y password para el usuario alenar desde el email en que éste usuario se identificó la primera vez.
Bueno, pues me lo mandan para la otra cuenta.
¿Es que no leen, carape?…
Lo dejo. Abandono el tema, y curiosamente lo deja alguien que nunca fue un nik, que nunca fue un troll y que nunca pretendió nada salvo divertirse y que otros compartieran su diversión.
Sigo con mis dos cuentas actuales y cuando se mueran de consunción natural las otras páginas al menos me quedará la tranquilidad de no haber hecho absolutamente nada para merecer esto.
Eso sí; saco una moraleja:
Gary Cooper hizo bien en afrontar siempre SOLO el peligro.
Actualidad de Antonio Machado
”Españolito que vienes al mundo
Te guarde Dios.
Una de las dos Españas
Ha de helarte el corazón”.
(Antonio Machado)
Hoy, aniversario de la muerte de Machado. Qué a punto vienen sus palabras, qué actuales, qué exactas…
Antonio Machado me interesa este aniversario por lo que de actual tiene su mensaje; es una especie de recuerdo vivo de lo que fue, de lo que no debe volver a ser, independientemente de disentimientos con algunas actitudes suyas -para mí no siempre obró en consecuencia con lo que decía defender, pero pertenece esta actitud al ámbito de lo privado, en relaciones particulares- tuvo la clarividencia de examinar el problema español con exactitud.
Su Juan de Mairena es un tratado político y sociológico, y sin embargo es en sus poemas más aparentemente inofensivos en los que retrata al españolito de a pie con toda justeza. Su Retrato, sus proverbios y Cantares, su prosopopeya de Don Guido, son los aguafuertes goyescos, casi solanescos, de la España que se preparaba consciente o inconscientemente para matarse unos años después. Su Recuerdo Infantil, denuncia la miseria mucho más que cualquier tratado de economía al uso, su obra La Tierra de Alvargonzález, es la testificación de que Caín y Abel no han dejado de vagar por los páramos de la España profunda, miserable y arruinada.
Hoy en día, más que nunca hay que volver a Machado, hay que aprender de sus escritos, hay que repensar sus poemas, hay que llevarlo por la calle, en alto, a todas partes, como una bandera, como una proclama, como un eslogan; para que nunca más una de las dos Españas nos parta el corazón.









