Intelectuales en lata
En ciertas ocasiones tengo la sensación de que a fuerza de querer distinguirnos, de querer pasar por elitistas, intelectuales, elegidos para la diferencia, decimos y opinamos muchísimas tonterías.
En España hay gente a quien nos gusta las corridas de toros, nos chifla el fútbol, la paella nos enloquece, somos de izquierdas, votamos PSOE, escuchamos a Brassens y leemos a Saramago.
Todo eso junto, además de estar en Amnistía Internacional, pongo por caso, además de irnos si podemos a la playa ocho días y sinó pues un fin de semana, además de movilizarnos en contra de la pena de muerte y además de vivir en pareja con quien nos da la realísima gana, o solos si así nos pete.
Bueno, pues parece que si defiendes que todo eso se puede hacer, que todo eso puede formar parte de nuestra vida cotidiana, o bien ya no eres un “Intelectualcomodebesser”, o bien ya no eres un “españolpatriotacomodebesser”.
Miren ustedes, yo soy como me da la realísima gana, y las categorías me las paso por el forro de mi ombligo.
Me gusta el fútbol. Mañana disfrutaré enormemente del partido. A pesar de la “crisis”, a pesar de los “tremendos datos de la actualísima actualidad que deben sumirme en un marasmo depresivo maníaco compulsivo de llantos y vituperios” y a pesar de tanto intelectual de salón que ni siquiera sabe quién puñetas fue Platko.
La pataleta de Leguina
Ahora hay políticos que tienen blog. Naturalmente en la mayoría de los casos, no en todos, el blog es una excusa para saber si lo que dicen llega a la gente o la gente se muestra en desacuerdo y entonces quizá cambiar la estrategia de decir lo mismo pero de una manera que nos tomen mejor el pelo.
Digo en general. Y viene esto a cuento porque hoy sale una noticia en el País digital, en terra, y en varios sitios más, en la que se habla de que el señor Leguina le discute a Zapatero las formas en Madrid.
Después comento esto por extenso.
Para empezar me voy al blog de este señor, y leo un articulo que, a mi modesto entender destila resentimiento. Es decir, puede llevar razón el señor Leguina en que en las últimas elecciones autonómicas y municipales el PSOE en Madrid metió la pata nombrando a quien nombró. Ahora bien, decir que las ideas de Zapatero son anacrónicas es cuando menos un contrasentido. Porque da la puñetera casualidad de que ese contrasentido en toda España se ha quedado a siete escaños de la mayoría absoluta. Si me dice el señor Leguina que el PSOE se equivocó en Madrid con la elección de sus aspirantes a gobernar, le digo que sí. Pero si me dice que las ideas que propugna el PSOE son anacrónicas, con todos mis respetos hay que responderle que se lo mire, y que se lo mire bien, porque a mí me parece que el anacrónico es él; es decir, el señor Leguina ya tuvo su oportunidad política y ya la utilizó; llamar anacrónica a una forma de hacer política cuando lo que sucede es que el señor Leguina ya no está en ella, a mí me suena a pataleta.
Como pienso tal y como digo, en su blog, le escribo un comentario, bastante más “suave”, pero diciéndole que no estoy de acuerdo con su análisis. Y naturalmente el comentario no sale. A estas horas (noche del viernes al sábado) ni el mío ni ninguno.
Y esto me lleva a la primera reflexión que hacía al inicio de este artículo. Comprobando que no hay un solo comentario deduzco que el señor Leguina no pretende que los lectores opinen, sino enterarse de si están de acuerdo con él o no para posiblemente venderse como el nuevo “salvador” del PSOE en Madrid. Porque el que sea tan ingenuo de creerse que el blog solo ha recibido mi comentario es que no conoce el gusto de los blogeros por comentar lo que les apetece. Es decir, que no ha aprobado ninguno, para ser claritos.
Y mire usted, señor Leguina, a mí me molesta muchísimo que me salven. Aunque lo quiera hacer alguien que dice ser del PSOE, y que más bien es de sí mismo. Y se lo digo en mi blog, ya que en el suyo solo parece interesar si su idea “vende”.







