Subcampeones como mínimo.
¡Ave María Purísima!…
Pues ahí es nada, que España está en la final de la Eurocopa.
Bueno, bueno, por favor. Esto no se había visto hacía la repera de años, desde que nos ganó Francia porque Arconada se dejó meter aquel gol, o no, o se lo metieron sin más, que nunca se sabrá aunque siempre se sospeche.
Cambian los tiempos, y ahora lo que no habrá será sospechas si al pobre Casillas le meten un gol estos Tanhauser con pinta de asustar al más templado.
El caso es que España le ha enseñado a jugar al fútbol a los rusos. Ha sido un espectáculo en todos los sentidos. Y mira que empezó la cosa con susto, porque eso de que se nos lesione Villa, nuestro Villa, el más goleador de nuestros goleadores, el que todo el mundo suspira cuando lleva el balón, ese en quien todos pensamos cuando los otros achuchan y decimos eso de, “bueno, ahora viene el gol de Villa”, pues fue un palo. Mira tú – nos pusimos a pensar.- que qué mala pata, hombre, justo en la semifinal, cuando más falta hace, mira tú que ahora estos tovarich se nos van a colgar del larguero, y ya verás como empiece a jugar el extremo este del otro día, el que trajo frita a Holanda…
O sea, que los dedos se nos hicieron huéspedes, empezamos a ver fantasmas, nos acordamos de todos los postes y los corners y los fallos de Cardeñosa, que nos han ido dejando siempre con la frase de “hicimos lo que pudimos”.
Pero carape, no. Esta vez no.
O esta vez Sí. Mejor dicho.
Porque no se notó que no estaba Villa, porque empezamos a tocar, a tocar, a triangular, a marear a los rusos mucho mejor que con el vodka, y en la segunda parte como fruta madura llegaron los goles.
España tiene un estilo de juego. Decir esto parece un milagro, pero es cierto. Que España tenga un estilo de juego es lo mejor que le ha podido pasar en veinte años. Puede perder, por supuesto, puede tener un mal día, está clarísimo, le pueden ganar un partido porque esto es un juego, naturalmente. Pero por primera vez yo creo que en décadas España tiene un estilo propio de juego. Eso que faltaba, porque no son los jugadores en sí lo que puede fallar, sino que nunca sabíamos cómo jugaba ni a qué jugaba España.
Yo no sé qué va a pasar en la final, ya digo que puede venir un manhausen y jorobarnos la fiesta, pues puede ser; puede ser que nos gane Alemania con ese puñetero gol de corner quedando dos minutos, o en el descuento, que es como Alemania gana sus partidos (que se lo digan a Turquía). Pero lo que está clarísimo es que de momento, pase lo que pase el domingo, España como mínimo ya es subcampeona de Europa.
Así que, que nos quiten lo bailado.
Y que no falte:
¡A por ellos!
Batalla perdida.
Un día de calor espeso. Bochorno y sol. Las calles, a estas horas, solo las transitan quienes no tienen más remedio.
El sol en estos días parece una bofetada que se diera al paisaje. Todo rebrinca, todo brilla, hay resplandores en tejados, farolas, esquinas, no hay ocasión para la misericordia del golpetazo de calor.
Como un enorme pájaro de alas desplegadas sobre la ciudad; vigilante, duro, sin piedad alguna.
Hasta que llegue la noche y las estrellas nos devuelvan los azules.
Imposible así escribir ligero. Imposible razonar con presteza.
Renuncio. Me quedo en silencio y le permito al sol ganar la batalla.
Una Frase de Amancio Prada
El domingo por la mañana desayuné despacio. Hizo mucho calor, pero mientras yo me tomaba el café aún no era tan exagerado como se puso después.
Mientras desayuno suelo escuchar la radio. Hay veces que coincide con las noticias, y entonces podría decir que casi me amarga el desayuno, pero el domingo no fue así.
El domingo coincidí con la entrevista que en RNE le estaban haciendo a Amancio Prada.
A Amancio Prada le lleva una escuchando desde los quince años, más o menos, o sea, desde la prehistoria de una. Aunque no tengo demasiados discos suyos, es alguien que siempre me gustó mucho, sobre todo su recreación de poetas, su labor de difusor de la poesía a través de la música. Una de las más bellas canciones que ha recreado es “Libre te quiero”: los que le suelen oír saben cuál digo.
Pero hacía mucho que, sin saber bien la razón, le había perdido la pista. Y entonces tuve la suerte de escuchar esta entrevista, que no duró más de un cuarto de hora, porque se iba a un recital de poesía en El Bierzo.
Pero le dio tiempo a decir una frase que me lleva rondando desde ese desayuno. Una frase que, dicha por otro, por ejemplo, dicha por mí, es decir, dicha por alguien que no tiene peso específico ninguno en la denominada “Cultura”, puede llevar a la mayor de las carcajadas, al ” qué ingenua eres y qué estúpida” o al “no digas estupideces” con la sonrisita conmiserativa adherida.
Porque Amancio Prada dijo, sin ningún corte, profundamente convencido, y además haciendo énfasis, que:
“Todo creador persigue la belleza aunque no la encuentre”.
Y yo, al escucharle, sentí que había entrado aire fresco por la ventana abierta.
Una cosa tan simple; algo tan sencillo de decir, algo tan verdad, algo tan limpio: todo creador persigue la belleza aunque no la encuentre…
Me atrevo a afirmarlo ahora, escudándome en que lo dijo alguien que debe ser escuchado…
La “Roja” en Semifinales.
Por fin. España en semifinales.
Me da la sensación de que a quienes nos gusta el futbol se nos ha escapado un suspiro de alivio al acabar la tanda de penaltis. Además del alegrón que nos hemos llevado. Ya, ya sé que saldrán a decir que “yo no me he llevado alegrón, a mí me dan igual porque yo no quiero que gane España”.
Bueno, pues verán, a mí no me entusiasmaban, no me seducían y además me sigue cayendo fatal don Luís Aragonés, qué le vamos a hacer, pero he dado saltos, me he puesto a aplaudir y me he alegrado un montón, sobresaltando a mi pobre perro que me miraba como pensando “le ha dado un mal aire”.
Miren, yo estaba hasta el moño ( si lo tuviera) de que me vendieran cada europeo, y cada mundial con lo del “esta vez sí” y fuera siempre que “esta vez tampoco”, de ver arrastrarse a unos señores en calzoncillos defendiendo todo el tiempo su portería para que al final llegara Corea o una selección rarita y nos metiera un gol faltando diez minutos, de que siempre los tiros de España salieran “rozando el poste” y los de los otros acabaran en el fondo de la portería, de tener que justificar las derrotas con la excusa de que “el árbitro había estado fatal” cuando quien había estado fatal era la selección. Yo quería poder pensar no en que “esta vez sí”, sino en un equipo de futbol que puede ganar o perder pero que no se arrastrase con la excusa de su eterna mala suerte.
El partido de hoy España no lo ha ganado por suerte, aunque los penaltis son una lotería. Lo ha ganado porque ha jugado claramente mejor en algo a mi modo de ver fundamental; no dejarse llevar al terreno del niñaterío. Es decir, no caer en “vamos a darnos codazos”, “vamos a tirarnos para engañar al árbitro”, “vamos a enfadarnos mucho cuando perdemos el balón pero a dejar de correr porque hay qué ver qué malos son que nos lo han quitado”.
No sé yo qué pasará con Rusia. Si España se lo cree, se sube a la parra y se empieza a columpiar nos pueden meter cuatro; si España juega a lo que sabe, si sigue pensando que cada partido es distinto, sobre todo si hace las cosas con cabeza pues lo mismo hasta se planta en la final. Y entonces, oh espanto: me juego una cena a que nos toca Alemania. Y habrá que empezar a temer al “manhausenchafen” de turno en el último suspiro del partido y a la salida de un corner.
Ay señor…
Pero estamos en semifinales y sí:
Ya era hora.
El Congreso del PP y los restos ideológicos.
El Congreso del PP desde mi posición ha dejado algo muy bueno para los españoles, y lo digo sinceramente.
Yo creo que es bueno para este país tener una derecha inteligente, moderada, constructiva, y dialogante, esté en la oposición o en el gobierno.
Es cierto- y lo reconozco de antemano- que servidora no se fía del señor Rajoy ni para tomar un cafetín, pero dicho esto hay que reconocerle que en el Congreso ha dejado muy claro que su línea está mucho más con un giro a la moderación, con una vuelta a ciertos valores que – seamos o no de derechas- interesan a este país, a la no confrontación y sobre todo, a algo que a mí subjetivamente me parece muy importante: la independencia de criterio. Un partido no puede depender de una cadena de radio, sobre todo cuando ésta está ideológicamente marcada por el odio de un presunto periodista al que aplaude la iglesia. Ni de la opinión de los obispos. También me parece muy importante el rechazo de las visceralidades reaccionarias y cavernícolas de la señora Aguirre y de la señora San Gil; siniestros espectros de la España de la Inquisición. Todo eso era un lastre, pero lo más importante – no solo para el PP sino para el país- es el alejamiento del más nefasto presidente de la democracia, el señor Aznar, que quedará para la historia como el caballero que nos metió en una guerra sin votación alguna y desoyendo al pueblo.
No voy a decir- si tengo que ser sincera- que doña Soraya me guste; ni que el señor Arenas me parezca un modelo de demócrata, pero hay que reconocer que Rajoy se ha desprendido para su comité de dirección de la mayoría de ultraderechistas que tanta bulla han querido dar y que tanto daño han hecho a la democracia en los últimos cuatro años.
Dijo hoy don Mariano Rajoy algo que es para reflexionar, y que en su caso sí demuestra que ha reflexionado: algo así como “no puede ser que la gente vote al PSOE para que no salgamos nosotros”. Es cierto, señor Rajoy, pero eso se lo buscaron ustedes solitos. Muchísimo indeciso votó PSOE para que ustedes no gobernaran. No es mi caso; yo voté PSOE porque estoy de acuerdo con su actuación en la mayoría de las decisiones que han tomado esta pasada legislatura, aunque puedo disentir en algunas, pero sí es verdad que el PP perdió votantes por miedo a sus formas dictatoriales.
Este país no quiere más botas, y eso parece haberlo empezado a entender el presidente del PP.
En buena hora le sea llegada esa lucidez.









