Banalizar el mal.
Desasosiega leer ciertas noticias que, en medio de tantas otras, pasarán casi sin notarse, por aquello de ir a leer lo “verdaderamente importante”.
La Clandestina: Una librería para sus lectores
Se levantó aire en Madrid esta tarde y aproveché.
Me paso por La Clandestina, la Librería que ha abierto Mariano Vega en la calle La Palma.
Tenía ganas de ir; primero por conocerle, segundo por conocer su librería, y tercero por ciertos “negocios” de difusión que me interesan.
Cuando llego, aún no ha abierto. Hace un sol de lujo y bendigo interiormente el aire que sopla, porque si no fuera por él- me temo- hasta las ideas se me hubieran achicharrado.
Pero no espero más allá de un cuarto de hora cuando la barba de Mariano se dibuja nítida acercándome la figura de quien en cinco minutos voy a empezar a llamar “amigo”.
La entrada en su librería está precedida de sonrisas, gestos entrañables y una sensación de acogida que se agradece enormemente; o que yo agradezco enormemente. Porque Mariano no sabe (aún) que yo soy muy tímida, y que para desplazarme hasta donde tiene la librería tengo que superar primero el ” qué va a pensar de mí”…
Pero me siento como si estuviera en casa y a él lo conociera de siempre.
Y me empieza a enseñar filas de libros, estanterías, rincones, todo puesto con calidez, todo estructurado con mimo, pensando en el lector, buscando espacios para el libro, situando referencias para no perderse. Veo ediciones y editoriales con lujo de diseño, cuidado y sencillo, ediciones que son para esas gentes dispuestas a “perder” su tiempo con los libros verdaderos, ediciones que- gracias a dios- no venden en el Carrefour…
Tiene proyectos el dueño de la Clandestina, y sus compañeros de aventura; proyectos que irá desvelando poco a poco, que irán creándose despacio, como las cosas bien hechas, pero sobre todo tiene interés e ilusión por lo que hace, tiene entusiasmo por los libros, tiene imaginación y tiene calidez. Algo que no abunda, como las ideas un poco clandestinas…









