Sábado Noche
Tienen los sábados al final del día un gesto como de renuncia. Como de destino fatal, de saber que en sí mismos se agotan y solo nos queda el domingo, que la noche podemos alargarla, con gestos, con palabras, con insultos o con arrebatos, con broncas o con fiesta, pero que inexorable llega el alba del domingo y es un amanecer diferente, porque ya no preludia fiesta, es un intervalo, una pausa hasta el lunes y lo cotidiano.
Los Cocodrilos.
Para T.
—
Guardé los cocodrilos y los mandé a darse un paseíto por el lago. Son muy obedientes.
Se metieron efectivamente en el lago, se pusieron a nadar muy contentos y a chapotear entre ellos.
Me dí cuenta de que eran felices de no cuidarme durante unas horas.
A veces, hasta los cocodrilos se cansan de hacer vigilancia continua.
Cuando volví al Castillo, abrí las verjas y me acerqué hasta ellos; me miraron con muchísima ternura -son mis amigos hace tantos años…- y me dijeron:
-Se nota que lo has pasado bien.
Sí, al Canon.
Esta internauta (por llamarme algo) que lleva desde el 2001 en la Red, no tiene ni repajolera idea de la mitad de adelantos adelantadísimos de los que otros internautas muy pero que muy sabios saben hasta las tripas. Servidora de nadie usa Internet Explorer como navegador. Se “bajó” el firefox y casi le da un ataque porque no encontraba la mitad de las páginas que tiene en favoritos, y no anda muy dispuesta a volver a ponerlas en otro navegador, y reduplicar la historieta, con lo cual lo dejó ancladito en el escritorio y se volvió al malísimo del Explorer que le lleva sirviendo calladito y sin alharacas desde hace siete años.
La Calefacción y el Señor Ministro…
No tenía pensado escribir nada más por hoy, ya que me iba a dormir, pero verán ustedes lo que pasa…
Face Book y los amiguísimos.
Recibo un mailing de Alianzo destinado a que participe en no se qué historieta sobre el mejor blog, que me promete además participar en no se qué sorteo para asistir a una cosa tremebunda que se llama algo así como Nonnik o parecido a eso.
Y que me darían comida y no se qué más…









