Los Papeles Inesperados de Cortazar
Estos textos, Los papeles inesperados , de Cortazar que se editan ahora como un regalo a los cronopios lectores/as del argentino-francés más apátrida que en el mundo ha sido, devuelven una sensación que hace tiempo parecía perdida: la ironía cómplice.
Son, según se explica en el prólogo, textos dispersos la mayoría no editados, que se presentan como un último ofrecimiento a quienes nos gusta la literatura. La buena literatura.
Con Cortazar da gusto leer porque nunca falsea; puede equivocarse, podemos no estar de acuerdo con él, pero lo que dijo lo dijo creyendo lo que decía, y eso imprime como un sello de franqueza a lo leído.
Son textos muy dispares, claro, muy diferentes, muchos de ellos políticos, otros son relatos, otros cronopiadas, palabro que me acabo de inventar y que lo mismo a Julio le gustaría: hacer una cronopiada deviene en instalarse en un modo de vida sugerente, distinto, alejado para siempre de los cara lunes, de los bien pensantes y de los piensa bien. Y a mí me ha hecho más feliz la vida leer estos días tantos cronopismos juntos, y he decidido así hacer una cronopiocrítica, porque, queremos tanto a Julio que hasta lo disperso lo juntamos, para que no nos falte nunca aunque se haya marchado por un camino raro, mientras nosotros nos hemos quedado en una rayuela rarísima, llena de papeles dispersos, de textos en fuga, de ascensores que suben cuando deben bajar, de selvas vírgenes, de Cubas cercanísimas y de cronopios, por supuesto.
Leer a Cortazar es volver a ver a la Maga, en París, y regresar a los piolines, a las varillas rotas de los paraguas, y a los edificios grises, donde hombrecitos grises hablan en Congresos grises de cosas muy grises, y así hasta que etcétera, etcétera; o hasta que llega Julio, cronopio, cronopiocopiosamente despistado, instalado en su ser de cronopio, y se olvida del texto porque no puede escribir un texto, porque naturalmente en los Congresos se va a leer un Texto y mireustedquéimportanciaeltexto, y no, y así, él no tiene texto. Y eso lo pueden ustedes leer en uno de los textos de Cortazar, de este libro maravilloso, disperso, en fuga, que yo les recomiendo para los días en los que los caralunes acogoten la sonrisa como si quisieran asesinar la alegría, esa que, otro grande, Benedetti, dijo que había que defender siempre.









Desconozco el libro, lo leeré, pero te digo que me encanta cuando escribes de este modo tan efusivo, tan lleno de vitalidad que empuja a compartir, a hacerte caso, a salir corriendo a la librería y comprar el libro… Ah, no que ya están cerradas.
Bueno, pues mañana.
Comment por Amando Carabias | Noviembre 13, 2009
Magnífico artículo.
Un abrazo.
Comment por Flamenco Rojo | Noviembre 14, 2009