Las Cartas de Guillén a Germaine

Una brevedad para comentar el libro de Guillén, su correspondencia a Germaine.

El libro es un mamotreto de 1300 páginas, lo que para empezar asusta al más pintado. Salvando esto, y créanme que es difícil hasta para alguien que le gusta tanto leer como a mí, decir que me he quedado en la 740.

No está mal el libro, ya lo dije de pasada, Guillén no es monotemático en las efusiones-es más, una llega a pensar que a veces son forzadas, y ahora me explicaré- y el tono es mucho más digamos natural.

Ahora bien, sucede que a Germaine, Guillén le cuenta muy poco; quiero decir muy poco de lo que a mí me interesa, claro, que es el tema literario y de su vida literaria. Y lo que le cuenta es –o me lo parece a mí- como un poco lista de la compra: he visto a , he comido con, son muy simpáticos, etc. Los comentarios sobre su libro, Cántico, por ejemplo, son de tipo económico, de tipo vamos a tirar tantos, tengo que gastar cuanto.

Es cierto que Guillén, cuando se olvida de que está escribiendo a su señora, escribe bien, pero parecía tener en la cabeza como una pizarrita de lo que “debía decir”; y ahora me explico y explico el comentario anterior: mientras Guillén está en Madrid, en Murcia, viajando y viendo a multitud de gentes afines, su señora está en París con los niños y con su propia familia, y por el tono de las cartas y por mucho “te abrazo muy tiernamente” que dijera Guillén, a mí, leyéndole, me da la sensación de que le venía de perlas que su señora se quedara con su familia mientras él se dedicaba a la literatura. Creo que me estoy explicando; de hecho en multitud de cartas la “anima” a permanecer en París.

Leyéndole a mí me da la impresión de que adoraba a su mujer y sus niños siempre que no le dieran la tabarra, para entendernos.

Y no estando mal el libro, no hay más de lo que hay; es decir, no va uno/a a entender o compartir un ambiente intelectual de la época- que fue muy interesante- ni a asistir a las discusiones, tratos, nacimientos de revistas, etc del momento, salvo de pasada; sino a lo que Guillén consideraba que se le podía contar a “su” señora. Por eso decía antes, que para eso no necesito 1300 páginas. Llevo 750 y me sobran.

Eso sí,  para ponerse tierno es muchísimo menos cursi que el pobre Salinas.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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3 respuestas a Las Cartas de Guillén a Germaine

  1. Lily dijo:

    Está claro que éste no lo añado a mis “pendientes”… que ya son infinitos… y libros de 1300 páginas … ¡pues no! a menos que sean “la joya de la corona!…
    Me alegro de que andes mejorando. Besos.

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  2. Creo yo, no sé, que las cartas que se escriben a la pareja de uno (hoy serían mail, probablemente), cuando la pareja de uno no es una/un amante escondido, no necesitan de ciertas efusiones que se dan por entendidad entre ambos, y se reservan, quizá para otros instantes, aunque pueda sorprender su ausencia si la distancia es diltada también en el tiempo. Y lo que habría que ver es de qué modo Germaine era cómplice de Guillén en el asunto literario, quiero decir, hasta dónde ella se interesaba por sus versos o sus ensayos. La cuestión es, entonces, qué interés puede tener publicar esta relación epistolar. A veces uno cree que el escritor ha de estar siempre subido sobre la montura de su obra (sea ésta pura sangre o mero pollino), y no siempre es así. Algunas veces uno se apea, baja al suelo y se preocupa por el número de libros vendidos, las anginas de los niños, o el chisme sobre la situación de aquellos amigos que conocimos aquel día…

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  3. alenar dijo:

    Lo dices muy bien, Amando, “La cuestión es, entonces, qué interés puede tener publicar esta relación epistolar”. Es decir, las cartas- sean o no de poetas- son lo que deben ser, cartas privadas. Lo que habría que pensar es en el caso de los llamados “creadores” qué añaden de interés al conocimiento de esa faceta. Publicar un tocho de 1300 páginas y pretender que al lector -al interesado, porque ni te cuento al lector común- le “arrebate el sentido” saber que la niña de Guillén tenía anginas es pedir peras al olmo; o más bien, es aprovechar el interés que suscita la labor intelectual de Guillen y vendernos a todos la moto. Cartas hay muy interesantes de escritores, músicos, pintores- las cartas a Theo, de Van Gogh, por ejemplo, o las cruzadas entre Turgueniev y otros corresponsales- ahora, lo que sucede es que hemos entrado en la paranoia de vender hasta cuando los creadores hacen pipí, y eso francamente a mí me trae al fresco.
    Es decir, que el tema no es lo que dice Guillén, que naturalmente no pensó ni por asomo que un día le iban a publicar hasta si iba al baño- que lo hacen- porque Guillén no nos escribía a nosotros sino a su señora, sino para qué – aparte de ganar pelas- se publica este estilo de correspondencias.

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