Día nada trepidante…

Pues este ha sido un día de esos que los periodistas llaman “trepidante” y yo llamo tranquilito. Ya saben que una no va al ritmo que quieren los demás sino al suyo, que para eso una es dueña de su tiempo.

 

Servidora ya puso aquí el apunte de actualidad, y ya se han dedicado todos los medios de difusión a empezar a atufarnos con análisis y contra análisis. Si eso es el primer día, nos espera un verano que para qué.

Pero resulta que yo no he visto noticias, ni oído radio hasta las once de la noche, o sea, que la mayoría- gracias a dios- me lo he perdido.

He estado haciendo cosas que me interesan más. Les cuento.

Me llevo 18 páginas pasadas a limpio de la tremebunda cosa esa que ahora sí que parece será una novela, con las anotaciones correspondientes para poder escribir al menos dos capítulos que van en medio de lo pasado a limpio. Con lo que ya he adelantado algo; al menos ya tengo esa sensación que tenemos todos los que escribimos, en un momento determinado de que “ahora ya sí tiene forma”; quien escriba me entenderá.

Por otro lado, resulta que al final ayer, de madrugada y en la cama, terminé el libro de Reverte En Mares Salvajes. Bueno, pues les digo; me ha entretenido. Es ameno, cuenta su viaje por el paso del Noroeste, lo mezcla con las historias de las exploraciones y aventuras y desventuras que allí sucedieron, y en suma es un libro que no se cae de las manos. Es muy natural contando, sin rollos pedantes y narra de modo que no se hace pesado. Otra cosa es que quizá podría haber aligerado un poco la parte histórica; quiero decir, hay algunas historias colaterales, de viajeros, que, a mi entender tampoco añaden gran cosas al tema. Quizá el libro hubiera ganado con cien páginas menos, pero se deja leer.

 

Y naturalmente además de esto, resulta que ando metiendo ropa en la bolsa de viaje, libros y demás cosas. Las demás cosas, son algo tan prosaico como medicinas, aclaro para los curiosos, que una no se puede ir ni a la esquina del café sin pertrechos…De libros ando, sigo, dudosa, como grulla en alambrito. Les digo: tengo por ahí a Cunqueiro con un libro –otro- de viajes, a Siles, con su poesía, que me apetece mucho, el último libro de Sampedro y Olga Lucas, entre otros muchos en la “cola” de lecturas. Y voy, ya me conocen, de unos a otros como perrillo que no decidiera si hueso o juguete…

 

Pero también eso me divierte, lo reconozco.

 

Además de todo eso, mañana tengo que ir a reponer existencias de nevera; eufemismo que quiere decir comprar algo de comida para llevarme, no mucho, pero vaya, para no  andar allí que voy que vengo al super de Doña Paquita- doña Paquita es la cajera, una señora de unos sesenta años que primero te pregunta cómo estás, luego te mira la bolsa, después te habla del tiempo que hace, un rato más tarde se levanta a regañar a un crío que le birla los dulces, y si tienes suerte y no llevas prisa al final va y te cobra-, todos los días.

 

Parecen muchas cosas, pero no; son todas del estilo que me gustan, cotidianas, sencillas, habituales, sin sobresaltos, y por supuesto gracias sean dadas a los dioses nada “trepidantes”; eso se lo dejo a los periodistas, que yo ya estoy mayor para tembleques…

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Del vivir habitual. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Día nada trepidante…

  1. Da gusto entrar en tu casa y poder compartir contigo así, sencillos, vestidos con el atuendo de lo cotidiano, sólo viendo y oyendo de lo que importa, que poco tiene que ver con otras cosas.
    Una cosa, por cierto… Te hice caso y estoy -lo llevo más que mediado- leyendo “Las casas de los poetas muertos” de Ángeles Caso, y tenías todita la razón. Si ya me he emocionado al leer algún pasaje relacionado con Cervantes o con Jovellanos o con Rosalía, qué será cuando llegue a la casa de Machado que tengo tan a mano, casi como la nevera, que, por cierto, también tengo que hacer algo con su preocupante vacío.
    Feliz estancia serrana.

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.