Silencio lector.

Sigo leyendo los lieder de Schumann y en medio algún que otro libro del que por piedad voy a omitir autores y títulos.

Se que se me mal entenderá: inmediatamente se me dirá que si me considero tan “buena” como para juzgar así a otros.

Les diré…buena lectora desde luego. Y no sólo eso sino con juicio bastante claro de lo que no es ni siquiera infumable sino directamente patético. Pero también se lo que puede hundir una mala crítica.

Por eso muchas veces me callo. Sólo quisiera comentar algo que muchas veces leyendo algunas cosas se me viene a la cabeza; me gustaría que algunos autores y autoras pensaran si recomendarían su propio libro si no fuera suyo. Porque me temo que al lado de muchos escritores desconocidos que merecerían muchísima mayor atención-y ustedes saben que yo en lo que puedo se la ofrezco- hay mucho también de trampantojo, de deseo de pensarse “publicado” y de ganas de figurar.

Sin detenerse a pensar que para publicar algo leíble hay que saber al menos escribir y decir algo con lo que se escribe.

Que ni la novela es una sucesión de chuminadas, ni la poesía son frases escritas en vertical.

Que para poder romper esquemas de género hay que pasar primero por conocer esos géneros. Y que para poder ser capaces de transgredir normas hay que conocerlas lo suficiente como para ser consciente de que se transgreden. Porque si no lo que estamos haciendo simplemente es destrozar el idioma, la poesía, o la novela. Y sin enterarnos, naturalmente.

Vuelvo a Schumann. Y me callo.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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2 respuestas a Silencio lector.

  1. A veces lo más sano es no querer cambiar nada. La mayoría no hemos nacido para pasar a la posteridad, sino para que no se pierdan los eslabones en la cadena. Por eso, mejor experimentar con gaseosa… Aunque ni siquiera esto lo tengo muy claro, si es que hablamos de tinto de verano. :)

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  2. El escritor debe ser capaz de ejercer la autocrítica pensando que el texto no es suyo. Al mismo tiempo, la crítica siempre debe llevar hacia un lugar: cómo mejorar el texto. Tampoco aporta nada la crítica destructiva -abundante- ni la que no apoya sus afirmaciones en hechos. Es cierto, falta autocrítica. También es cierto, hay mucho divismo entre los críticos.

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