El “buen rollito” literario.

Nos invade en algunos círculos literarios una ola no de calor sino de buenismo y buen rollito, que da grima. No se si es el verano o es que se aturullan las conciencias.

Por otra parte me pasan cosas raras. Verán al socaire de mal-llevar una revista de arte, me llegan a veces peticiones un poco absurdas. Me explicaré.

Me llegan manuscritos de todo tipo. Y eso me parece normal. Y muchos llegan de un modestísimo modo, con una forma absolutamente delicada y curiosamente muy a menudo son los que me interesan. Éstos, suelen ser enviados una sola vez, un poema o un relato, y normalmente lo que dice su autor/a es algo muy parecido a “mira, he escrito esto, si puedes me dices si lo ves publicable en algún sitio  o no”.

Son personas que no esperan que una les responda esa misma tarde, que lo que esperan es simplemente un pues mira me parece que sí, o pues verás quizá admitiera darle otra vuelta. Son personas además que saben que la revista no suele publicar relatos ni poemas, entre otras cosas porque no se leen pero principalmente porque la revista es de tipo cultural, no creativo, como sabe cualquiera que la lee con una mínima atención.

Pero decía que nos invade una ola de buenismo que para qué las prisas.

En foros, en facebook, en web de muy distinta condición se ha tomado la costumbre de poner poemas y relatos.

Relatos y poemas quilométricos.

Y a menudo me escriben sus autores respectivos, o bien al mensaje privado o bien al email directamente y la pregunta es: “mira lo que he escrito!!!!!!, ¡ dame tu opinión enseguida.!!!!” , o bien del tipo: “estimados de alenarte, he escrito estos relatos y los mando para que me los publiquen”.

 

Con las admiraciones incluidas. Con lo que interpreto que el autor/a quiere una ¡Opinión!, de “¡oh, sensacional, maravilloso, eres el mas grande!”

Cosa que cuando voy al blog o página o nota en cuestión veo confirmada por ochopotocientos mensajes admirativos entre admiraciones y pamemas, y ausiones, y aplausos y simbolitos típicos de msn, y etcéteras variopintos.

Es decir; no quiere una opinión literaria; quiere aplausos.

Hay que decir que los archivos adjuntos que adjuntan el poema kilométrico suelen ser de cuatro folios cuando menos.

O el relato suele estar dividido en cuatro capítulos de tres folios cada uno.

Hablaba del buenismo.

Y hablaba de eso porque cuando no sigo la norma y le digo a quien esto escribe; uno, que la Revista no publica habitualmente cuentos ni poemas, o dos, que su escrito no me ha gustado (y suelo ser muy diplomática cuando lo digo), la persona en cuestión se pilla un cabreo que no llama a la guardia civil para que me detengan de casualidad.

Es decir, que a ver qué me he creído yo, que el/ella me manda su obra de arte y yo no la aprecio porque soy una miserable, o una pedante de aquí te espero; que cómo es posible que no aplauda, diga que es la rehostia, que escribir sobre las diarreas mentales que a uno/a se le ocurren cuando se aburre es lo que se debe hacer, aunque no tenga sentido, ni estructura, ni ritmo ( en poemas), ni léxico, ni coherencia narrativa. Aunque repita siete veces por minuto la palabra “cosa”, la palabra “ iba”, la palabra “ extasiada” ( siempre se extasía la gente ante la montañita, la roca, el azul del mar o la galana flor del almendro,qué cruz), o me lea cinco veces que “ el camino descollaba por su empinadura”….si descuella un camino yo soy Gardel. Carajo.

Otra cosa son los poetas incomprendidos. Válgame el cielo, qué incomprendidos son los poetas a los treintaytantos… La vida es un asco, la novia es un asco, la ciudad es una porquería, el campo es un anacronismo. Solo es importante cómo beben ellos gin tonic en desesperadas noches de desamor en un bar infecto mientras piensan en Bukowski, que está el pobre más muerto que ellos. Ah, pero si no te gusta no eres moderna. Faltaría más, otra cosa es que el presunto poema sean líneas en vertical a la mala de dios, a ver si cuela; porque de estructura no tienen ni pajolera idea. Y si lo dices, de la forma más diplomática posible, la respuesta es que la poesía es libertad. Por supuesto: todo el mundo tiene derecho a escribir malos poemas.

 

Yo no soy buena. Y verán, no lo soy porque no sería yo si no dijera lo que pienso. Y lo que pienso es que la literatura no se debe malbaratar, ni arrastrar, ni chafardear con ella. Escribir es muy fácil, basta juntar letras. Ser escritor me parece un trabajo de silencio, de constancia, de yunque, de soledad, de muchas horas trabajando el idioma, trabajando el estilo, buscando aprender, leyendo, rompiendo lo escrito, tachando, reformando, calladamente, sin esperar el aplauso, ni el éxito, ni los babeos de los hipócritas. Y cuando eso se arrastra, cuando se enfanga la palabra solo para “aparecer”, para estar en el foco, para decir que “se es escritor”, si me preguntan nadie va a impedir que lo diga.

Y si se enfadan, siempre pueden excusarse con la banalidad de que yo no tengo “buen rollito”.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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3 respuestas a El “buen rollito” literario.

  1. Elena Casero dijo:

    pues estoy contigo, Alena. El problema del buenismo es que da lugar a las personas nos creamos lo que no somos: escritores. Y eso no favorece a nadie. Todo el mundo queremos que nos lean, que nos publiquen, que nos den palmaditas en la espalda. El minuto de gloria, y esto no funciona así.

    Un abrazo

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  2. Flamenco Rojo dijo:

    No te puedes imaginar la cantidad de amigos que me aconsejan que haga algún micro o similar…Después de haberte leído me alegro de no haberlo intentado nunca…Qué soy de ciencias y un “mendrugo” literario que lo único que sé es leer…y malamente. Zapatero a tus zapatos (y no le prestes atención a los que te piden que adelantes las elecciones anticipadas)

    Un abrazo.

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  3. Buenas, aquí llega el ausente de estos días. He estado leyendo todos los artículos anteriores a éste, así como los correspondientes comentarios e incluoso el debate establecido y la mar de interesante sobre la pintora Leonora.
    Creo que en alguna ocasión alguien tendría que decir, escribir y cincelar sobre piedra que así como los escritores tienen todo el derecho del mundo a escribir lo que les pete (incluso bueno), los lectores (inclúyase en este grupo a editores, críticos, directores de publicaciones, colegas, lectores que sólo leen -qué maravilla-) tienen el sacrosantísimo derecho a leer lo que les dé la realísima gana y a opinar sobre ello según su leal saber y entender. El único límite es la educación, y esa, hasta ahora a ti no te ha faltado nunca. Una vez recibida la crítica (o el silencio que también es interpretable, como el silencio administrativo) el escritor puede hacer dos cosas: intentar analizar con objetividad lo dicho por ver si de paso se aprende y se mejora en algo, que siempre es necesario, o no hacer caso a lo que se dice.
    Pero lo más interesante de este artículo, Alena es el último párrafo, creo que habría que enmarcarlo. Por eso mismo voy y lo copio aquí, ale:

    “Y lo que pienso es que la literatura no se debe malbaratar, ni arrastrar, ni chafardear con ella. Escribir es muy fácil, basta juntar letras. Ser escritor me parece un trabajo de silencio, de constancia, de yunque, de soledad, de muchas horas trabajando el idioma, trabajando el estilo, buscando aprender, leyendo, rompiendo lo escrito, tachando, reformando, calladamente, sin esperar el aplauso, ni el éxito, ni los babeos de los hipócritas. Y cuando eso se arrastra, cuando se enfanga la palabra solo para “aparecer”, para estar en el foco, para decir que “se es escritor”, si me preguntan nadie va a impedir que lo diga.”

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