Compasivos y amorosos.

Cuando yo estudiaba en el instituto sufrí a un cura que decían daba clase de inglés.

 En las que se dedicaba entre otras lindezas a darnos hojas en blanco para que apuntáramos “anónimamente, por supuesto”, los nombres de los alumnos/as que conocíamos que tomaban drogas o “andaban en malos pasos”; andar en malos pasos era un eufemismo que encubría ser homosexual, acostarse con el novio o la novia, no ir a misa, o fumar más de dos cajetillas diarias de tabaco. También incluían las clases charlas de quince minutos acerca de que la juventud “como vosotros” está perdida, que teníamos la suerte de estar en un instituto- público- porque “vuestros padres” lo pagan para que “vosotros impulséis el mensaje de Cristo”. Y preguntas de examen tipo: “¿porqué debo ser buen cristiano?; ¿qué dijo el Padre el sábado en la misa?”, “¿dónde fuiste el domingo por la mañana?”.

A este subnormal lo llamábamos El Clarito. Cada vez que soltaba el sermón, acababa con un “¿está clarito?”… y levantaba el dedo admonitorio mientras sudaba, así fuera invierno, como si las llamas que prometía le estuvieran atacando a él.

Entre otras lindezas, este tipo compró a una pobre mujer ingenua y semi analfabeta un incunable del siglo XVII por el equivalente a tres mil pesetas. Explicándola que ese papel era “muy viejo, pero a él le gustaban”; según palabras de esta pobre señora.

Vivió un tiempo debajo de mi casa, apenas unos meses, y subía por las tardes a preguntarme delante de “tu Mamá”, “qué tal es tu profesora nueva de inglés”, el año que  no daba clases con él, porque aquella profe tenía veintitantos años, fumaba porros, y no iba a la capilla del instituto en fiestas del instituto. Y naturalmente quería echarla. Cosa que, añado, consiguió con la bendición del Señor Director.

Fue dos veces, a la segunda, delante de “mi Mamá”, le solté “Mira, mamá, este es el profesor que el año pasado quería que denunciáramos a los compañeros”.

No volvió más.

Creo que nunca he contado esta historia, pero hoy, leyendo que su santidad explica a los jóvenes que el individualismo es muy pernicioso y que hay que estar en contra del ateismo que nos invade, quiero que conozcan lo compasiva que puede llegar a ser su iglesia comunitaria y amorosa.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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6 respuestas a Compasivos y amorosos.

  1. canelica dijo:

    Alena, te has pasado.

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  2. alenar dijo:

    Vaya… “la Verdad os hará libres”…

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  3. Por suerte yo nunca tuve a nadie de esa calaña, y estudié en colegio de curas, donde me mostraron a Casaldáliga, Monseñor Romero, Teresa de Calcuta… Cuando aseseinaron a Ellacuría los escuadrones de la muerte salvadoreños, para mí no era un nombre extraño. Como lo fueron otros teólogos de la liberación. Aunque se criticaron ciertos excesos de Gutiérrez y se dabatió Sin duda eran otros tiempos… Ahora hemos retrocedido otra vez bastante, demasiado.
    En todo caso no creo que en lo dicho por Benedicto XVI esté un caso similar al que cuentas, que rechazaría de pleno.
    Profesores que han usado de su poder con los alumnos de modo abusivo siempre ha habido, es cierto, pero no sólo curas, aunque es probable en los curas sea más criticable…

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  4. Alena, no te has pasado. Ser correcto y educado con quienes te han maltratado la mente en astadíos tempranos de su desarrollo, es la grandeza de los seres humanos dignos como tú.
    Ni te has pasado ni te pasarás no porque muchos profesores, en un régimen absoluta y totalmente represivo y degradante “se pasasen”, sino porque la iglesia, esa que predica estas lindezas por parte de su máximo representante, estuvo, está y estará, junto a cualquier forma represiva ya que en sí misma, su espíritu, es represivo.

    Yo tuve la desgracia de “convivir”, en régimen de internado, en un “colegio” de jesuitas durante dos años, cuando tenía la edad idónea, 12 años. A pesar de casi defender en cualquier foro la enorme diferencia con otras sectas católicas, o cristianas, o cristianas amantes de ritos judaicos, esos dos años, lo que viví, vi y sentí, jamás, repito, jamás, se lo podré disculpar (yo no tengo el poder del “perdón y cuenta nueva”) a unas personas que se empeñaron en deformar la mente y el espíritu de más de cien compañeros, año tras año.

    Nunca, nunca, me he encontrado ni uno siquiera de todos ellos que no tuviese una aversión hacia el degradante trato y lavado de cerebro que nos impusieron. Y ni es lugar ni momento de contar anécdotas de TODO TIPO que se produjeron. Ese es un recuerdo imperecedero para borrar de mi pasado.

    ¿Por qué a este mandatario se atreve a arremeter contra unos innominados “que se creen dioses”, el clásico “pecado” de soberbia de los griegos contra la divinidad, “hybris”, siendo que él y sus adeptos lo tienen por representante de dios en la tierra? ¿Por qué no se le recuerdan los miles de años de retraso que han producido sus acólitos al avance científico? ¿Por qué culpa a los demás de procesos sociales de los que ellos son los culpables, antigua y actualmente? ¿Por qué se le debe pleitesía con las inmensas ventajas sociales y económicas que posee y que siempre se entrecruzan con movimientos de masas pastorales”?

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  5. Por mí sigue pasándote.

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  6. Óscar dijo:

    Sabía que, tras leer el artículo, el título de esta entrada insistía en traerme a la memoria un documental que vi hace tiempo y que se llamaba ¨líbranos del mal¨ o algo así. Como al final me lo ha traído, os lo cuento por si lo queréis ver o algo. Ellos son amorosos y vosotros unos sinvergüenzas.

    Me voy a dar unos golpes de pecho.

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