Fin de Agosto.

Último fin de semana de agosto. Sensación de pausa y sordina. Enlentecimiento de las cosas. A la espera el aire, la ciudad, las calles, la gente.

Apurando la playa, la sierra, la montaña, la casa rural o el hotel, el hostal de medio pelo, la tienda de camping.

Aparición de las noticias habituales, rituales y rutinarias, operación regreso, atascos de tráfico, vista de imágenes de ciudades a las que abandonan los turistas para regresar sus habituales.

Comienzo de la impresión junto al mar de la desolación del vacío. Gaviotas extrañadas de la ausencia de la madre y la hija que cada tarde –playa de san Lorenzo, Gijón- de cuatro a seis les daban miguitas de pan.

Un tren que parte tosiendo su carraspera, algo tartamudo al principio, sin querer alejarse. Maletas en un hotel preparadas y cargadas de todos los recuerdos que atesoramos para el largo invierno. “El año que viene hay que acordarse de comprar aquellas postales que vimos al lado del museo” dice alguien con el ya tono nostálgico de quien no está donde estaba con el pensamiento sino donde regresa. Retina cargada de tanta luz, tanto azul, tanto paisaje. Preparativos y adelantos de lo que vendrá en unas horas, la casa, la ropa de otoño, las compras para el colegio de los niños, la matrícula del instituto, la revisión del coche…

De pronto, sin querer, sin avisos previos, el último fin de semana de agosto nos devuelve de la pausa a lo que éramos antes. Antes de marcharnos, antes de este cielo distinto, de esta playa, de esta montaña que nos vio amanecer otros, que nos dio la ilusión del Viaje, de lo nuevo, del intervalo. Ese que ahora se interrumpe para devolvernos con este sol más indeciso, con estas nubes menos cálidas, a lo que somos, a lo que fuimos.

Mientras el mar, la sierra, el hostal, el hotel, la casa rural, el camping, permanece anclado, detenido en el vacío de nuestro tiempo interior, más solo, abandonadamente anclado en el “verano que estuvimos allí”, y nosotros regresamos a casa.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Del vivir habitual. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Fin de Agosto.

  1. Huele a melancolía, sí. Y más en un día como el de hoy que ha amanecido como si fuera una avanzadilla del otoño: gris, cerradísimo, fresquísimo, lluvioso… Ahora sigue la temperatura más que cálida, tibia tirando a fresca, pero la luz… Ah, la luz esta luz tan limpia tan tan transparente que es como si no estuviera… Y para completar la sensación, este texto tuyo tan lleno de esa melancolía lírica que a veces te atraviesa y nos atraviesa.

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.