No un reflejo.

Seis páginas en estos días. Es lo que llevo.

Efectivamente, no está mal. Poco a poco la historia se desarrolla, avanza, se bifurca, y adquiere un sentido. Eso que los escritores que lo son de verdad llaman “peso”.

Me divierte escribir esta novela. Durante muchos años he escrito como si diera golpes, como si escupiera. Es cierto que reflejaba un sentir, y es cierto que si no lo hubiera hecho así no podría haber escrito Estampaciones. Creo que para llegar a la diversión en la escritura, es decir, para llegar al mero escribir por gusto, por contar, hay que pasar por la criba de desbrozar primero todo lo que no llega a ser escritura sino literaria adaptación de nuestro modo de vivir.

Alguien decía y con razón, según creo, que un escritor no lo es hasta que es capaz de pasar del yo a ellos. Es decir, pasar de lo personal a lo genérico. De contar sus historias a contar las de los demás. Por supuesto que incluso ahí puede haber mucho nuestro; es natural, por mucho que se enfaden los modernísimos, quien escribe el texto posee una biografía personal que le hace escribir de una forma determinada. Otra cosa es que el verdadero escritor sea quien es capaz de llegar a escribir sin que eso sea lo más importante de sus textos, sino la historia que nos cuenta.

Y yo, al menos, a lo que he llegado es a divertirme escribiendo. Es decir, siempre he disfrutado del acto de escribir, pero los dos primeros libros publicados no fueron divertidos, eran simples trasposiciones de un mundo interior, el mío, solo que literaturizado. Y mi mundo personal describible no era divertido, para entendernos.

O por mejor decir, no era un mundo en paz.

Hoy sí. Y quizá por eso me divierto tanto al contar; porque narrar para contar cosas, narrar por el placer de inventar historias comunicables a otros sin poner el alma y la vida y la piel en el dolor que causan, es muy entretenido. Las historias ya no son mías, aunque tengan mucho mío, naturalmente, pero ahora no son un  mero –quizá pálido- reflejo de quien las escribe; son historias al margen de quien las crea.

Y llevo seis páginas estos días, decía. No está mal…aunque el chico de la chaqueta roja sigue desaparecido…

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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3 respuestas a No un reflejo.

  1. Bien dices de los modernísimos. Eso de narrar en primera persona qué peligroso fue y cuántos cayeron en el riesgo de escribir sobre sí mismos confundiendo narrador con autor…
    No te preocupes por el chaval, creo que está bien de salud, y aparecerá en cualquier momento. Ya lo verás.

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  2. Kuni dijo:

    Y por eso multiplicáis nuestro mundo y nos hacéis vivir más y mejor sin necesidad de salir de casa.

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  3. Pues te deseo, cómo no, que sigas avanzando con esa confianza de haber hallado “peso”, de pisar suelo firme

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Los comentarios están cerrados.