El Teatro y yo.

Esta tarde me voy al teatro a ver una obra de Eduardo di Filippo, que en el teatro María Guerrero presenta, Yo el Heredero. He visto varias obras de él, y siempre las he disfrutado muchísimo.

Además el teatro en sí me encanta; es curioso porque con el cine no me sucede. No he ido al cine hace más de quince años, y no es algo que me interese, para eso prefiero la comodidad de mi casa. Ahora, con el teatro es otra cosa; ¿ustedes se han fijado que el teatro huele de una forma especial?…es espectáculo desde que se llega, hay un aroma distinto, y la sensación del telón descorriéndose y las luces apagándose, mientras se hace el silencio te sumerge en las vidas de quienes empiezan a hablar.  He visto bastante teatro estos últimos años, siempre menos del que quisiera, pero para mí es una fiesta. En el teatro se me olvida la vida habitual; por una hora o dos asisto a las vidas de otros, me conmuevo, me río y hasta lloro, que también me ha pasado- con la guasa de quienes me acompañan, claro, que saben que lo vivo como si fuera verdad-.

Me gusta también una sensación que no se produce en el cine; al final de la obra, cuando te ha gustado y aplaudes a los actores y actrices, me gusta porque siento que les agradezco ese rato de disfrute, me gusta verlos las caras, sus reacciones con los aplausos, siento una cercanía enorme y un respeto profundo desde hace muchísimos años hacia las gentes del teatro.

En casa hacían teatro. Digo hacían porque yo era una mocosa que lo que hacía cuando mi familia se dedicaba a esas cosas era estorbar. Pero lo disfrutaba enormemente. Los recuerdo a todos en el Patio Grande preparando la obra que fuera, y yo, por allí de zascandil aprendiéndome los recitados a fuerza de escucharlos.

También sin hacer obra se recitaba en casa; eso solía ser de buenas a primeras, es decir, que mi hermano por ejemplo desde el pasillo empezaba con el “ay mísero de mí” y le contestaba quien fuera desde el comedor con el “ay  infelice” y un tercero, quien le viniera bien decía con voz tremebunda desde el cuarto de baño “apurar cielos, pretendo”. A mí me divertía aquello muchísimo porque se hacía a la vez que se hacían las cosas normales de una casa. Claro que tenía un inconveniente y es que igual sonaba el timbre de la puerta y al visitante se le recibía a las voces de “helo, helo, por do viene, el infante vengador”…o sea que había que saber un poco que en casa éramos bastante originales, la verdad. Recuerdo haber visto en casa a Almudena Cotos vestida de teatro, un día que estaba yo en la cama como siempre y entró a verme y empezó a actuar para mí…yo tendría seis o siete años, pero se me quedó para siempre aquello porque sin saberlo –o sí- alegró mi vida de cría durante media hora.

 

Ya ven dónde me ha llevado lo de que hoy voy al teatro…pero quería traerlo aquí porque nunca le había hecho ningún escrito de agradecer a tantos actores y actrices que nos hagan más bella la vida.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Teatro. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a El Teatro y yo.

  1. Supongo que a estas horas lo estarás disfrutando. Ojalá que, además, nos lo cuentes.
    La evocación de tu infancia es deliciosa.

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.