Las Cartas de Brahms y el ruido.

Esta mañana a punto de fin de semana amanece sin ruido; me refiero, amaneció nublado en Madrid y con temperaturas bastante más bajas, y eso, aunque no sea real hace ver el ambiente como mucho más calmo.

Falta de ruido por tanto aunque sea de forma subjetiva.

He acompasado mi ya de por sí lento andar a esa sensación, he salido a la calle, comprado alguna cosa que la nevera necesitaba- y yo, claro-, y comido hacia las tres.

Ayer terminé el libro de las Cartas de Brahms, y he escrito una mini crónica muy personal, en la que vengo a decir que hay veces que el autor no sólo es interesante sino que además se hace simpático al lector.

Ese es el caso de tal barbudo-por las fotografías- músico, enamorado platónico de Clara Schumann, y temeroso siempre de que sus obras no gusten. Se hace entrañable; con sus numerosos viajes, sus ruegos de “por favor, lee esto a ver qué te parece”, sus huidas de a mí no me den ustedes un homenaje, y etcétera.

Amigo de sus amigos, independiente hasta la exageración en cuanto a lo que le gustaba y lo que no, tajante, irónico, con un humor sobre sí mismo que da gusto…la verdad es que reconcilia con eso que llaman “la grandeza del artista”; nada distante, sino cercano y próximo.

Nada de ruido en este caso, sino una melodía muy bien acompasada para iniciar este otoño.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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3 respuestas a Las Cartas de Brahms y el ruido.

  1. Pues, fíjate, lo que es la imagen. Así, de verle tan barbado y barbudo en los retratos, tan intenso en algunas de sus obras -aunque tan delicado y tierno en otros- no sospechaba esas características suyas que dices y que se descubren en el libro.

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  2. Pilar dijo:

    La imagen está a veces muy distante de la realidad, ¿verdad?

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  3. Isolda dijo:

    En esta ocasión, difiero de los que me preceden. El romanticismo de su música tenía que estar de acuerdo forzosamente con su manera de ser. Me apetece leerlo.
    Un beso fuerte, Alena.

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