Anacrónicos con Corbata.

Una termina pensando que para escribir lo mejor que se puede hacer es no escuchar. Y ustedes perdonen que sea tan radical, pero es que a veces una escucha cosas tan surrealistas que se pregunta si vivimos en un país-literario- de gente cuerda o de anacrónicos con corbata.

Omito dónde, porque sería desprestigiar el lugar, pero esta tarde en un acto público, alguien que dice pertenecer a eso que llaman el mundo intelectual se ha permitido disparar- metafóricamente- la frase que sigue:

“El nivel actual de la novela en España es deplorable”.

Y se ha quedado tan ancho, oiga. Tan orondo y tan contento. Y no ha habido nadie- me incluyo- que hayamos tenido el valor de decirle que aquí el único deplorable era él.

Y sin embargo…verán, sin embargo esto me lleva mucho más lejos en el pensamiento. Me lleva a algo que he pensado muchas veces y que puede que así de clarito no lo haya dicho; el sentido tan barriobajero y de puñalada trapera que marca ciertas pautas en la literatura nuestra.

Es decir, que “el nivel literario” siempre es “deplorable” sino “me publican a mí”, “a mi grupo, mis capillitas o mis amigos/as del alma”. Que nunca me alegraré si otros escriben y gustan, que sólo palmearé las espaldas de quien pueda sacar tajada y que en cuanto deje de exprimir la teta al que se deje que se la exprima podré insultarle con total impunidad.

La novela española es variada, distinta, cambiante, variopinta, de diversísimas tendencias según sus autores/as, unas veces de más calidad que otra, naturalmente, y eso independientemente de si el autor/a  es conocido o deja de serlo y sólo lo conocemos cien personas. La novela española actual es tan variada como quienes la escriben, publican y editan, y en ella, como en todo, hay bueno, malo y regular. Lo deplorable son las catalogaciones resentidas de quien no llega no ya a escritor, sino a categoría ética de ser humano decentito. No ya decente, al menos decentito. Ni eso.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Anacrónicos con Corbata.

  1. La primera frase, la primera frase, la primera frase… No, no es que tartamudee, sino que me la tengo que tatuar. Seguir adelante, ser coherente con uno mismo. Lo demás, pues bueno, como se suele decir, doctores tiene la santa madre iglesia.

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