Antiguos y Modernos Escépticos. Elliot, Baroja, Benet.

Andaba leyendo  a  George Elliot, Middlemarch, pero lo he dejado ya. Me explicaré.

Esta es una excelente novela, divertida, amena y de interés porque puede verse al completo un modo de vivir en la Inglaterra del siglo XIX. Además lo que sucede puede llegar al lector interesado en una forma de narrar concreta; el costumbrismo de las novelas— que en el siglo antepasado proliferaron desde Inglaterra, Francia y por supuesto después España con Galdós, por ejemplo.

También es interesante que Elliot  es en parte iniciadora de un sentido mucho más moderno de la narrativa, y plantea temas que, anteriormente, era muy complicado para las mujeres plantear como es la falta de adecuación entre lo que se es y lo que se quiere ser, en cuanto a las mujeres, me refiero.

Ahora bien, una vez comprobado esto, a mí me sobra la novela en sí como argumento. Quiero decir, que este libro me sirve digamos para, como crítico, apuntar una serie de cosas, comprobar otras y ver un estilo determinado, pero como lectora el tema no me interesa demasiado.

Teniendo en cuenta además que la novelita tiene casi mil páginas, hay que darse por feliz de que haya llegado a la doscientos cuarenta sin chistar ni quejarme.

Y, llegando aquí, veo que por mucho que lo intente, no avanzo; quiero decir en vulgar que tengo la novela hace tres días muerta de asco en la mesilla de noche y ni el menor asomo de querer seguir con ella. Así que ayer, la cerré, le di las gracias por lo que de bueno tiene, que es mucho, y me dediqué a empezar Otoño en Madrid, hacia 1950, de Juan Benet.

Dirán ustedes que qué cambio más brusco…pues según y cómo, porque Benet lo primero que tiene en tal libro es una remembranza de Baroja, extraordinaria, dicho sea de paso, analizando además el estilo de este otro costumbrista a su manera. En este caso de este relatador de vidas ajenas. Y es muy interesante leer cómo dice Benet que el principal mérito del vasco era su escepticismo. Tanto en vida como en obra. Pero no un escepticismo de salón, sino una actitud de pues esto es lo que hay y no hay interés en que hubiera otra cosa; algo así como estar más allá de las decepciones. Y eso me lleva otra vez a la Elliot, curiosamente, porque ella también plantea ese tema, solo que en su caso sí de forma consciente narrativamente. Sin embargo ni la una ni el otro, pienso, sacan moralejas de tal actitud. Menos Baroja, naturalmente, pero en la Elliot sorprende su poco interés por la moralina.

Por lo demás añadir que el libro de Benet es magnífico, ahora están volviendo a sacar en ediciones cuidadas su obra; aunque  a mí me interesa muchísimo más su parte crítica y biográfica que su narrativa- Volverás a Región me aburrió considerablemente- , bueno es poder contar, digámoslo así-, con un “Benet completo”. Otro escéptico notable.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Antiguos y Modernos Escépticos. Elliot, Baroja, Benet.

  1. Es fascinante seguir tus lecturas. Es imposible aburrirse, por no hablar de lo que se aprende. Aunque no esté leyendo nada de lo que lees, ni siquiera parecido, muchos de tus apuntes son como linternas que alumbran otras lecturas.

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