Costumbres infantiles.

Hoy ya es domingo. Ha bajado la temperatura en Madrid, y por la noche se va notando. Ha sido un sábado preparando algunas cosas para irme el lunes, aunque el grueso de las cosas las prepararé mañana. Ahora ya tengo mucha costumbre de ir y no me preocupa olvidarme de algo, como al principio; lo puedo comprar allí.

Estaba pensando en eso mientras iba al Saveco a coger algunas cosas, resulta que me he encontrado pensando en varias lo de “esto lo dejo y lo cojo allí”; y eso me ha llevado un poco más lejos.

Cuando yo era pequeña íbamos de fin de semana a un pueblo en el que nunca había nada, y no exagero. Estaba la tienda de Marcos y Loli, y poco más. Y claro, mi Madre se llevaba tal cantidad de cestas y bolsas y maletas que mi Padre miraba aquello como el baúl de la Piquer, pero resulta que luego si no había algo protestaba…

Donde quiero ir a parar es a que me ha quedado desde entonces una especie de deformación de meter en el bolsón que me llevo más de lo necesario; como si aún viviera en el año 69 y lo que me esperara fuera la tienda de la Loli en vez de un supermercado; y no, claro, pero son asociaciones que tengo que quitarme poco a poco.

Es curioso porque a cuenta de esto se me ocurre pensar si no son muchas costumbres que asumimos en la infancia las que luego hacemos nuestras aunque el motivo haya desaparecido de nuestras vidas; no solo en esto que cuento, sino en otros ejemplos; imagino que ustedes tendrán más de uno.

Conozco una persona del edificio donde vivo, que baja y sube por las escaleras, nunca en el ascensor, y una vez se me ocurrió preguntarle, y me dice el hombre que era una manía; él es norteamericano, y en su edificio su madre subía y bajaba con él de pequeño andando porque decía que así “trabajaba el corazón”. Bueno, pues se sube andando los cuatro pisos.

Costumbres, posos del inconsciente, incluso a veces manías que, si no las hacemos, nos parece que nos falta algo; mi abuela miraba que estuvieran cerrados los cerrojos de casa antes de acostarnos al menos tres veces; oigan y yo que hago lo mismo…como si el cerrojo fuera a abrirse de un rato para otro él solito…

En esas estoy, guardando “bolsones”, algún libro, cuadernos, víveres- para decirlo en bonito- aunque ya no me espere la tienda de la Loli y no esté Marcos; mi maño preferido esperando a que le demos la “lista de la compra”…

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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2 respuestas a Costumbres infantiles.

  1. Y no sólo tal y como lo cuentas, sino que es imposible quitárnoslas de encima. Y uno piensa que, quizá, no es que no queramos quitarnos tal o cual manía, sino que manteniéndola estamos más cerca de lo que fuimos, de quienes estuvimos.

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  2. Mita dijo:

    Pues no sé adónde vas, pero buen viaje!! Tú llevate solo lo puesto.
    Cuando yo era pequeña vivíamos en una casa enorme que era de mis abuelos, como dos casas que daban a distintas calles comunicadas por unos escalones y un portón. Vendieron la otra parte y tapiaron la puerta; yo era muy pequeña, recuerdo que subía los escalones a ese portón con mucha dificultad. Cuando lo tapiaron, iba a pasear la mano por la pared por si se abría…porque me gustaba jugar en la otra calle.
    Desde entonces tengo siempre todas las puertas abiertas de par en par, las abro inconscientemente.
    Besotes

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