Luís Rosales. Ciento un años.

Gracias al poeta José Antonio Pamies, establecemos una charla muy interesante en Facebook acerca del ninguneo al que fue sometido el centenario del nacimiento de Luís Rosales, el año pasado.

Coincidimos, no sólo él y yo, sino algunos más que intervienen con sus comentarios, en la necesidad de rescatar la figura de este escritor. No porque necesite demostrarse nada a estas alturas- quien no quiera ver, no verá porque lleva anteojeras puestas- sino porque nos parece fruto simplemente de la política absurda de solo valorar a quien es de la cuerda. Así de sencillo.

A Luís Rosales se ocuparon vencedores y vencidos de la guerra incivil de ningunear y reducir al olvido, tanto en reconocimientos públicos como en escribir sobre sus libros, como en valorar su poesía o sus ensayos, que los tiene y magníficos, dicho sea de paso.

Se le encasilló en “la Generación de Vivanco y Ridruejo” y con decir eso ya se estaba diciendo: “ o sea, no los lean, que son fachas”; eso los vencidos. Los vencedores fueron aún más sibilinos, más retorcidos  y por supuestos muchísimo más mezquinos; entre otras cosas porque como les venían muy bien las calumnias sobre su actuación con Lorca dejaron que los mal entendidos, las ideas falsas, los sobre entendidos, crecieran hasta tapar su poesía, y de esta manera deshacerse de uno de los mejores poetas en castellano del siglo XX, que ha parido esta triste tierra llamada España.

Luís Rosales es el poeta de la voz interior trasladada al ámbito de lo general; el escritor del suceso mínimo que aflora para hacerse suceso poético. Desde su libro Abril, pasando por sus Rimas, hasta su Diario de Una resurrección y por supuesto su obra maestra, La Casa Encendida.

Los temas de Rosales desde sus inicios poéticos marcan la vida de un hombre que vivió para escribirse. Por eso Pamies añadía ayer con muchísima razón que Rosales no tiene poesía ideológica; los poemas de Rosales son profundamente humanos, y la humanidad no dispone de banderías a la hora de sentir.

Ya hay una hondura de trascendencia en Abril, ya hay eso que podemos denominar “ ir hacia lo absoluto”, que no necesariamente es lo religioso, añado, porque siendo Rosales creyente no es de ese calibre su trascendencia poética, sino de tipo mucho más profundo, y también mucho más complejo; es un ahondarse en el mundo, encontrarse dentro de él instalado y crecer desde él hacia lo humano. :

 

“Un nuevo origen me espera,

Colmo de sombra nevada,

Agua en la noche imantada,

Nieve absoluta y primera”.

 

Dice, por ejemplo.

 

En su libro Rimas, un libro de recuerdos, intimista, sencillo, de frases tan mínimas como ésta: “ Porque la casa es como un año,/como un marjal de tierra fronteriza,/como un abrigo viejo donde el cuerpo anochece cada día que te envuelves en él/ “, nos hace llegar referencias autobiográficas, de amigos, familiares, infancia, paisajes entrevistos, con una absoluta libertad de verso, ahora que tanto se discute acerca de la libertad expresiva; podrían leerse quienes hablan de ello estas Rimas, en las que el verso librismo, el verso blanco, alternan con la asonancia, con la consonancia y con el metro clásico y más puro castellano; endecasílabo y octosílabo.

 

Libro de palabras rescatadas también, palabras que si no se escriben para ser recordadas caen en desuso, como em Cementerio de lluvia, o de temas tan presentes siempre como el desamparo y la incomunicación, como en Alguien Llama a la Puerta:

 

“Cuantas personas hay en el mundo que no saben cómo es un hombre,

Porque no han muerto nunca de repente,

Ni siquiera se han quemado los ojos para llegar a enamorarse de una mujer,

Ni han dado nada sino harapos,

Dividendos

Y contaminaciones”.

 

Dice.

 

El Contenido del Corazón, transmuta la voz narrativa para hacerla prosa. Eso que muchos años después los catalogadores de lo inclasificable como es el lirismo, llamarían Prosa Poética; olvidando que la prosa que no es poética es simplemente burocrática.

 

En este libro, Rosales alude directamente a su vivencia humana. Y esto que podría ser anecdótico resulta que se sale de la norma y acaba dando una fe de vida, donde el recuerdo íntimo de su vida, se eleva de pie. Y digo bien, se eleva de pie, porque hay vidas que no tienen dignidad para elevarse de pie, y la de Rosales sí.

Recuerdos de sus casas, de sus amigos, de su abuela, por ejemplo, de cómo empezó su vocación, en un lenguaje puramente pájaro, puramente verdad. Dice en La Vocación: “ Hay palabras que pueden habitarse como se habita una ciudad”. Dice en La Última Alegría: “A mí me han ido haciendo como soy las personas que amé. La admiración ha tirado de mí desde pequeño y he crecido mirando”.

 

Este tono se mantiene en su libro Canciones, para sin embargo oscurecerse en teoría en los dos últimos; Diario de Una Resurrección, y La Carta Entera; ambos resumen de vida, ambos testamento vital.

 

No he hablado de La Casa Encendida, por ser el libro más conocido de Rosales, un largo recuento de añoranza y nostalgia, en verso libre, en el que afloran principalmente los temas del Regreso.

Porque para el poeta lo importante no eran las partidas, sino los regresos; el poder permanecer de pie en el lugar que uno ha amado, tanto geográfica como interiormente. Para Rosales, que la Casa permanezca encendida, significa que en ella encuentra alguien que lo ama. Que no necesita explicar ni explicarse, que su mundo pequeñito y personal está completo, por eso en La Carta Entera, como haciendo un postfacio, dice: “El amor solo llega cuando tienes una lágrima a punto y no la puedes llorar solo”.

 

 

Podría escribir más sobre este Poeta a quien dejaron solo y sin amor el año pasado. Podría decir de su silencio y de su olvido, pero prefiero recordarlo ahora, aunque ya haya pasado un año del centenario en que tuvo a bien regalarnos su nacimiento. Y parafraseándolo, prefiero terminar diciendo: “Gracias, Luís, La Casa está Encendida”.

 

 

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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2 respuestas a Luís Rosales. Ciento un años.

  1. Impresionante, Alena. Gracias. Por circunstancias que no vienen al caso, el año pasado me leí una antología de su obra (la de Visor, creo). Fue una experiencia apasionante… Esta reseña hace que rememore aquellos días.

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  2. Mita dijo:

    http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/11973/El_naufrago_metodico

    Me ha gustado mucho, Alena. Dejo ese enlace, no es que a mí personalmente me caiga bien Luis G. Montero…

    El náufrago metódico
    Luis Rosales
    Ed. L. García Montero. Visor. 488 pp, 15 e. Antología poética. Ed. E. García-Máiquez. Rialp. 271 pp, 14 e.

    Autobiografía
    Como el náufrago metódico que contase las olas que le bastan para morir;
    y las contase, y las volviese a contar, para evitar errores,
    hasta la última,
    hasta aquella que tiene la estatura de un niño y le cubre la frente,
    así he vivido yo con una vaga prudencia de caballo de cartón en el baño,
    sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
    sino en las cosas que yo más quería.
    ***
    Esos dos últimos versos son espeluznantes…
    Besos

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