No me quites la sonrisa.

Se abre el domingo como si tuviera alas. Es un día frío y claro de sol. Un día que augura. Hay días así, augurales, como nuevos, como presagios.

Leo a Elvira Lindo diciendo que está hasta los mocasines de la gente que anda siempre enfadada. Y asiento. Yo también, hija. Dice que ni hasta el más comprometido de los intelectuales puede andar todo el santo día con el ceño fruncido. Que caso así, sería patología y no lógica.

Y verán, ya era hora. Digo, que se dijera; no porque no haya motivos para muchos de tipo individual para andar preocupado, sino porque parece que decir que una está feliz es delito.

Les cuento una anécdota; el otro día me llama mi banco para que hiciera un depósito y a cambio me regalaban no se qué, es lo de menos, pero cuando se me ocurrió decirle al del banco, “ ay, mire no, yo no tengo ni idea de economía, mi economía privada va muy bien por primera vez en años; eso es así desde que me jubilé y cobro mi pensión, y tengo dinero de sobra en el banco”, bueno pues el hombre se quedó cortado, y se le escapó un “joder”… como diciendo que a ver porqué carape yo no estaba sufriente y doliente.

Y no lo estoy. Y a mí la crisis no me ha afectado, qué quieren que les diga. A mí la crisis me pilló a los quince años y me duró hasta los treinta y dos, o sea que de crisis me lo sé todo, hasta lo que no está escrito. Pero hoy ni la tengo, ni me afecta. Y me parece a mí que tengo perfectísimo derecho a decir que vivo como una reina y que estoy tan contenta.

Y no me da la realísima gana enfadarme.

Entiendo que la gente ande preocupada. Entiendo porque lo he vivido. Pero tiene razón la Lindo; estar todo el santo día escribiendo, hablando, contando lo enfadadísimos que tenemos que estar todos- hasta los que no lo estamos- porque si no lo estamos es que somos unos insolidarios, es de psicópatas.

Recuerdo lo que yo llamo años de las croquetas- lo he contado aquí más de una vez- y cómo cualquier cosa que me gustara era “no”. Recuerdo ir vestida con ropa de otros, recuerdo ir al banco esperando que hubiera llegado la beca, recuerdo contar el dinero para ver si daba para el bollo o me tenía que conformar con la coca cola nada más; y naturalmente que me siento solidaria de quien lo pasa mal; pero no me pidan que me cabree, ni que se me quite la sonrisa, porque me ha costado dios y ayuda estar donde estoy y tengo todo el derecho del mundo a disfrutarlo.

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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3 respuestas a No me quites la sonrisa.

  1. Mita dijo:

    Y olé! Se han saltado las lágrimas! Bonita…

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  2. En mi caso la crisis me empieza a preocupar ahora, en que me encuentro a mí mismo pensando conmigo mismo sobre cosas en las que antes no pensaba, pero aún así y a pesar de ello, hay cosas muchísimo más importantes que la crisis, se pongan como se pongan. Y yo sé lo que me digo y bien me entiendo.

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  3. Isolda dijo:

    Nunca he estado más de acuerdo contigo, Alena y con los que me preceden. Fuera ceños fruncidos, tenemos muchos más que muchos y eso debería bastar.
    Besos, nos sobran

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