Cunqueiro y Luís García Montero. Lecturas en la Sierra.

Me llevé tres libros a la sierra y he leído uno y medio. Ahora les explico.

Me llevé a Álvaro Cunqueiro, su libro Los Otros Caminos, a Luís García Montero, Un Invierno Propio y a Linda Olsson Sonata para Miriam.

Bien. Empecé por Cunqueiro. Lo de Cunqueiro es una selección de artículos que fue publicando en periódicos gallegos principalmente, en el tiempo que abarca la posguerra y hasta entrados los años setenta.

Y debo decir dos cosas, primero que Cunqueiro escribía muy bien y segundo que su prosa envejece muy mal.

Es decir, se recogen aquí artículos y textos sobre temas principalmente históricos, de lo que entonces se llamaba “folklore o popularismo”, con noticia sobre temas celtas, irlandeses, gallegos, piratas, reinas olvidadas de reinos exóticos, y así siguiendo. Y sucede que Cunqueiro usa –usaba- un lenguaje propio del siglo XIX en pleno siglo XX. Con lo que se produce una anacronía- bella pero anacronía al fin y al cabo- espectacular; porque fueran quienes fueran sus lectores vivían a mediados del XX. Un lenguaje lleno de vericuetos, de digresiones, de cultismos- pedantes, qué le vamos a hacer- que un lector común me temo vería con la boca abierta y perplejo, para no entender ni poco ni mucho del artículo que ese señor tan inteligente y requeteculto largaba en el periódico. Una, o sea, yo, ha leído la mitad del libro y lo ha dejado. Y no es que me haya desagradado, sino que me parecía estar retornando a los libros de caballerías, que me aburren una enormidad.

Ese fue, por tanto el “medio” libro que leí al principio. El que leí completo, en dos horas de placer enorme, de disfrute, de alegría por una poesía de tan altísima calidad, fue el libro de García Montero. Escribe el poeta Un Invierno Propio– lema sacado de un poema del mismo título- y nos traslada nuestros propios inviernos. Son poemas de la vida íntima, del ser interior, por tanto subjetivos, sí, y de un lirismo que escalofría. Porque son sencillos, de lenguaje y de acercamiento al lector, porque nos vemos en esos escritos, en las noches de otoño, en los andenes de las estaciones de tren, en las habitaciones vacías de las casas habitadas de ausencia, en los desconsuelos de un amor que nos desmemoria. Hay tanta sencillez en esta forma de contarse que se agradece; porque nos da calor para sobrellevar nuestros propios inviernos, donde la nieve también nos borra las huellas.

Si no lo han leído, se están perdiendo poesía de altísimo vuelo, de un claror de fuego y nieve.

El tercero, no lo abrí. Me lo he traído aquí otra vez. Después del disfrute que supuso Un Invierno Propio, había que dejar paso al recuerdo, al menos unos días.

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Cunqueiro y Luís García Montero. Lecturas en la Sierra.

  1. También he leído el mes pasado este mismo libro de Luis García Montero. Y me dura ese mismo temblor, esa sensación de estremecimiento que produce la verdadera poesía, mal que les pese a algunos.

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