Libros Recuperados.

Este domingo de niebla y lluvia aparece en mi ventana para permanecer en casa, en tranquilidad y calma, sin grandes cosas, sin salidas programadas, solo con la vida entrevista fuera.

Y me gusta. Ha empezado el domingo casi a mediodía para mí- a las once- porque como casi siempre no dormí bien; primero el desayuno, luego salir con el perro Después lectura relajada de prensa impresa. Por cierto, añado, hay un reportaje sobre los últimos brigadistas que eriza la piel.

En un rato comeré, me pondré a ultimar textos para la Revista, posiblemente leeré un rato, o más bien releeré a Hesse, El último verano de Klingsor, que les decía ayer por twitter.

Lo compré el otro día en Dodó. Resulta que este libro era mío y me lo mangaron. O para aclarar; no me lo devolvieron cuando lo presté. Y desde entonces, salvo a dos personas de mi familia, no presto libros. Tengo unos cuatro mil libros y me figuro que cuando me muera- espero que de muy viejecita, la verdad, porque tengo muchas cosas por hacer, aprender, etc- tendré bastantes más. Un día me voy a tener que salir de casa, para que se queden ellos, pero me da lo mismo. Ya inventaré espacios.

 

El caso es que me lo mangó una amiga de instituto, el libro, digo, que me habían regalado en el año 78, y me quedé sin él. Un libro perdido para mí es un hueco en el corazón. Es un libro con una portada preciosa, aquí la pongo para que la vean, y con una traducción de lo más recreadora del mundo de Hesse. Cuando en el 78 lo leí yo tenía 18 años. Me marcó muchísimo entonces, la descripción del paisaje, la elegancia al escribir, la poesía en cada frase, esa especie de enaltecimiento de lo bello que tiene Hesse, sobre todo a mi parecer en este libro. Las ideas sobre arte, sobre el proceso de vivir para crear…todo eso a mis dieciocho años en medio de una sensación –mía, digo- de no tener futuro, de que nunca pasaba nada, de que el tiempo se me había detenido en una especie de agujero negro interminable, me salvó de muchas cosas, me ayudó a insistir, en resumen, fue uno de mis libros “iniciáticos”.

 

En Dodó tienen libros antiguos, y Carlos Feral –inocente de estas cosas que cuento- me señaló una balda con libros de Hesse. Mi respuesta fue; “bueno, pero el mío, -por Klingsor- no lo tendrán”.

 

Pero sí. Cuando sacó el pequeño tomito – tiene alguna narración más- en la vieja edición, con la portada tan bella, fue como volver a encontrar a un amigo querido que volviera a casa.

Ahora está en mi mesilla de noche, y ayer volví a empezar la vieja lectura interrumpida hace tantos años.

 *Foto de portada.*

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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2 respuestas a Libros Recuperados.

  1. Un libro perdido es un hueco en el corazón. Con esta frase, creo que te defines con precisión. Alguien que estima en tanto a los libros, no me extraña que dedique su vida a ellos, lo cual es una hermosísima tarea, por cierto.

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  2. catherine dijo:

    Conmovedoratu busqueda del libro perdido.
    Estamos arreglando la biblioteca, todo un trabajo, y sé que tengo un libro de Hesse, otro. Lo leeré en enero.

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