Bohemios Asociados.

Algunas veces me parece que es bueno dejar clara alguna posición en esto de lo literario. Más que nada por las confusiones que se leen y alguna que otra tontería que se escribe.

Ha muerto Gonzalo Torrente Malvido, hijo del escritor Gonzalo Torrente Ballester.

De quien no tengo ni el gusto ni el disgusto de haber leído nada suyo, porque siempre le tuve por aprovechado detentador del apellido de su papá, salvo la biografía que hizo de aquel.

Circulan ahora por ahí homenajes y lloros, jipidos y quebrantos, doloras, rasgamiento de vestiduras, mesarse de cabellos y alguna que otra estupidez similar, porque este señor era un representante-dicen- de eso que gusta tanto a los que van de progres, de izquierdistas de salón y de malditos malditísimos, o sea, un bohemio, oh, que le gustaba el pimple, vaya, el sexo, la noche, los bares con humo y cosas similares.

Todo lo cual no quiere decir que fuera escritor; aunque haya publicado textos bajo ese formato. La biografía de su padre, literariamente hablando es mala de solemnidad, por ejemplo. Fue finalista del Nadal en el 61, imagino que por ser quien era, y así siguiendo.

Pero aquí en cuanto se muere alguien que escribe y que anda en ciertos ambientes lo equiparamos a Rimbaud y con eso queremos atrapar el roce de la “gloria” por analogía.

 

Es decir, que si no es usted bohemio y maldito no escriba, que no tiene derecho al reconocimiento.

Pues gueno.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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3 respuestas a Bohemios Asociados.

  1. Pues porque me lo presentas, porque de lo contrario…

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  2. Flamenco Rojo dijo:

    Por eso yo no escribo jejeje.

    Abrazos “no rotos”.

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  3. Pues no tenía el gusto ni conocía la noticia, aunque bohemios he conocidos unos cuantos. La mayoría borrachos, alguno con algo de talento y otros tantos que se lamentaban constantemente de que el mundo no conociera su genialidad (Pobres diablos y mucho más pobres sus seguidores creyéndose el cuento). En fin, un coñazo, vaya. Que para escribir no es necesario tanto pedigrí de desgracia.

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