Leer novelas.

He empezado un libro que no se cómo terminaré. Quiero decir…es una novela, parece que simplemente eso, pero al empezar a leerla no me da una sensación de ir a engancharme en ella.

Me explico, verán, las novelas no son mi lectura más habitual, como comprobarán quienes aquí siguen los libros que comento. Es difícil que la novela me atrape desde el principio; no se bien cuál es la razón, pero me interesan más otros géneros desde siempre. Con la novela me sucede que al cabo de unas cincuenta páginas empiezo a desarrollar el mismo esquema mental de lo ya conocido, del argumento trillado, empiezo a aburrirme de la descripción de personajes- me gustaría que el que las escribe me dejara a mí ver cómo son-, y así siguiendo. Muchas veces lo que pienso después de cerrar la novela correspondiente sin acabar es que seguimos contando las cosas con unos esquemas clásicos que repiten argumentos, personajes, descripciones de ambientes, situación de lo que pasa; como si no hubiera otra manera de contar.

Y es como si no hubiera transcurrido el tiempo, no hubieran cambiado los referentes o no hubiera pasado nada en el mundo y tuviéramos que seguir leyendo que fulanito se acercó a la barra del bar lleno de humo y pidió un whisky. Trillar la novelística de frases hechas, de párrafos impostados, de omnipresencias autorales, como si el lector fuera un jilipollas y hubiera que darle todo masticado, no se vaya a atragantar si le dejamos que investigue por su cuenta.

Frases inocentes, como “X salió de su casa y entró en el taxi”. Bien, y damos por hecho que porque el autor lo dice el personaje salió de su casa y entró en el taxi. Pero, ¿y si no fuera así?, es decir, ¿y si eso fuera lo que dicen de él, solamente, y si X pudiera hablar narrativamente y contradecir al autor en el párrafo siguiente: “ fui andando al café, porque quería descansar de la discusión”. ?

 

El autor de novelas debería ser más que un narrador, un simple proponedor de situaciones posibles, dejando que el lector apostara por la más convincente.

Pero parece que a eso es difícil que lleguemos, y por eso yo no se si terminaré Los Viejos Demonios, de Klingsey Amis, o la cerraré como tantas otras en la página cien.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Leer novelas.

  1. Quizá es que la novela no puede ser el teatro, por un lado, y por otro, las editoriales no se arriesgan a ese tipo de cuestiones que pides. No sé si los autores se arriesgarán a ello, pero resulta que se escribe para que le publiquen a uno y se publica aquello que va a ser vendido (y supuestamente leído) y la mayoría de lectores -sin dudar de su inteligencia- pretenden al leer una novela pasar el tiempo.
    Ahora mismo -y hablo de personas normales que leen más que la media- se están dejando de comprar libros, se van a las bibliotecas y leen un tipo de novela que son todavía más arquetípicas que ésta que apuntas.
    Por otra parte, a mí me pasa lo mismo. Ahora mismo no soy capaz de leer novelas. Ahora mismo sólo me apetece la poesía.

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