La revolución de los mediocres.

En su libro Saqueo, Sharon Waxman, habla de Hawass, el director de arqueología, para entendernos, de Egipto, naturalmente antes de la revolución que se cargó a Mubarak; que le echó quiero decir.

 

Y naturalmente habla muy bien del único que hizo algo por mantener, estimular y conservar ese patrimonio, aun diciendo de él que es un mediático caradura.

Bien. La presunta revolución que ha instalado a los militares para que ahora las protestas en la calle no sirvan de nada, mostrando que tan cabrón era Mubarak como los militares, echó a Hawass, o se encargó de que dimitiera, por no se sabe bien qué acusaciones de dejar saquear parte del Museo. Es decir, que como era “de Mubarak” que le den por culo y de paso a la conservación cultural también y ya pondremos a uno al gusto de Europa y que diga “siseñor”, lo cual sólo es muestra de que las revoluciones consideran a la cultura lo que yo a los curas; o sea, nada.

Ahora parece que le han recuperado, pero en el primer momento había que echar a cualquier Mubarakiano; sea o no inteligente, valga o no para el puesto. Es después –digo yo- cuando se ponen a mirar y resulta que entre los revolucionarios tan libres no hay ningún egiptólogo, vaya por Tutankamon…

 

No entenderé nunca porqué si alguien vale es mas importante “que sea de los nuestros” a su valor. Del mismo modo, dicho sea de paso, echan aquí a Mario Gas del Español y así siguiendo.

 

Así nos vamos cargando cultura y vamos instaurando el reino de los ignorantes mediocres que, eso sí, dicen Amén en cuanto se tira del cordoncito que les da cuerda.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Literarismos. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a La revolución de los mediocres.

  1. Olvídate, Alena, sólo quieren adeptos. Me refiero a cualquier institución del mundo mundial (política, religiosa, económica, cultural, y todos los etcéteras que te apetezca). Si por no ser alguien adepto a la causa se intuye la sombra de la crítica o la sospecha de un posible navajazo a traición, lo alejarán lo más que puedan.
    Y es que cuando política se confunde con partido pasan estas cosas.

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.