Estilos anacrónicos.

Estos días en la sierra he leído poco. Me he dedicado más bien a pasear aprovechando el sol y el buen tiempo.

A pesar de ello he empezado -y no terminado- un libro de Henry de Regnier, La Altana. Sobre recuerdos de Venecia.

El libro está escrito – o más bien se recogen en él- en los primeros años del siglo XX, y está escrito por alguien que vivía de las rentas. Esto no es malo, quiero decir que se notan las dos cosas.

El estilo del libro es el de un diletante de la cultura; alguien que no tiene que preocuparse de lo que le cuesta el hotel, y alguien que participa de ese sentimiento tan francés del gusto por escucharse. El lenguaje por tanto es almibarado, apologista de Venecia, con mucha luna, mucho palacio, mucha marquesa y mucho gondolero. Una enorme cantidad de suspiros ante los monumentos y esa languidez de escritura que termina por recrearse en lo bonitas que le van quedando las frases.

El tono que usaba una cierta clase social para escribir; Regnier encuentra la pobreza pintoresca, y las mujeres misteriosas, los gondoleros silenciosos y los palacios donde vive encantadores.

El tono, reiterativo, de frase ampulosa, que se distiende y crece hasta no saberse qué se quiso decir termina por aburrir al más pintado.

Tiene algunas notas curiosas sin embargo, y a pesar suyo podemos leer sobre costumbres y formas de vivir en la ciudad, aprender algo de su historia, conocer algunas curiosidades. No puedo decir que sea un libro que esté mal, pero sí que resulta absolutamente envejecido en su tono.

Sean bien hallados, por hoy vale que ando cansada.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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