Linda Olsson, la crisis y los libros de verdad.

Me dicen desde El País cual va a ser el libro del año por cojones, en esa línea de instaurar el pensamiento automático, y me entra la risa tonta, qué quieren que les diga. Funcionará bien la publicidad del blog que lo vende, porque ya sabemos que mucha gente lee en función de lo que sale en los suplementos culturales; parecería que hasta para leer uno es siervo de lo que dicen otros.

El tal libro se llama algo así como “acabad con la crisis” o parecido. Es decir, que debe ser de un lirismo sobrecogedor. Desde luego el que no va a tener crisis será su autor, que le va a funcionar la publicidad como rosquillas. Cualquier día escribo un folletito que se llame “acabad con los memos” y me hago de oro.

En fin, para gustos los colores, para aprovechados los escritores de marketing y para bobos los lectores que leen libros como recetarios para la felicidad.

Una, que no lee recetarios, salvo los de cocina-y de ellos sí aprende- acaba de terminar ayer noche de madrugada Sonata para Miriam, de Linda Olsson, que no da recetas de nada, pero que ha escrito una bellísima novela.

Ya había leído la novela anterior de Olsson, y me daba cierto miedo la comparación, pues aquella –la primera novela, digo- es una joya.

Esta también, aunque quizá es un poquitín menos redonda, y me explicaré; cuenta la historia de un personaje que por una casualidad se entera de que no es quien cree que es; su búsqueda, su viaje, tanto interior como exterior, en busca de sus raíces, su aprendizaje. No les voy a desvelar el argumento: con lo que acabo de escribir es suficiente.

La novela tiene un lenguaje-al menos en la traducción- que es muy sencillo, muy cercano y muy directo. Además cada capítulo termina con una especie de inquietud que hace que el lector quiera seguir leyendo. Describe situaciones y personajes y sentimiento con una naturalidad y una elegancia llena de sensibilidad, que atrapa. Desde el inicio el lector/a se siente intrigado por lo que sucede, pero además se siente cómplice del protagonista. Tiene Olsson una cualidad muy especial para ésto, y es que escribe historias verosímiles, historias llenas de humanidad, de modo que sus personajes se nos presentan como seres reales, vivientes, cercanos.

Ahora bien, decía que no es una novela tan redonda como la primera, porque por el desarrollo de la propia novela, la autora tiene que explicar en un momento determinado el porqué de la actitud de un personaje, y aquí yo no percibo esa  explicación como creíble; digo desde el punto de vista de la coherencia narrativa; me da la sensación que a Olsson le importaba poco explicar las razones de este personaje, que para ella es un secundario, y que, por decirlo así, “le inventa” unas razones bastante traídas por los pelos, como si le estorbara para lo que de verdad le interesa que es la historia central del personaje protagonista.  Es cierto que, a esas alturas de la narración al lector/a tampoco le importa en exceso, porque lo nuclear es lo otro, pero a pesar de ello, a mí ahí se me hace pelín difícil decir que “bueno, vale”.

Lo digo- lo de bueno, vale- porque el final de la novela retoma el vuelo en el lugar que estábamos los lectores: en una historia bellísima, muy bien narrada y que les recomiendo a ustedes a pesar de ese disturbio de capitulo y medio.

Nada que ver con crisis propias de superventas publicitados.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Literarismos. Guarda el enlace permanente.