Marujeos y Don Juan.

Se me ha pasado el sábado en diversas modalidades de marujeo, y alguna de espirituosa concepción; o sea, que fui a comprar comida al Saveco, que anduve de arreglos cocineros, que luego estuve escribiendo un rato, que leí un tanto, y que vi perder al Bayern de Munich con toda donosura.

Y ahora entro en estas cosas de Internet y leo cosas que me dejan algo perpleja, y casi sin muchas ganas de incidir en lo de siempre; la manía del cortapegismo, la costumbre del spam a compartir-como si fuera un bollo-, las etiquetas de “tú y 45 más” con lo cual he de apresurarme a borrar la cosa porque si no me llegan todos los mensajitos de los 38 a menudo desconocidos, y maldito lo que me interesan, las apropiaciones de ideas de otros pero en el mal sentido, es decir, a mayor gloria de uno y no por interés real en que la idea funcione, los aplausómetros variopintos…

Así que lo dejo y me salgo del asunto, rezando a san Imposible de los Internautas para que no me etiquete nadie de cuatro a cinco de la mañana con doscientos más.

Una no sabe si la gente es tonta o simplemente se lo hace…

Y vengo a lo que vengo. Ayer leyendo a Stendhal, en una introducción que tiene al mito de don Juan a cuenta de una historia que contará luego, me quedé pensando en una idea que escribe, porque me parece que se podría profundizar más en ella.

Viene a decir, el francés, que Don Juan no tendría sentido antes del cristianismo. Dice que en el mundo greco-latino no podría existir porque don Juan lo que desea es ser un transgresor de las normas amorosas, y que esto sólo se puede hacer cuando existen normas que transgredir, y que en el mundo clásico el tema amoroso no tenía ese tipo de normas; un resumen apresurado he hecho pero creo que se entiende. Stendhal añade que es el cristianismo el que instaura el  cómo “no está permitido amar”, y que Don Juan entonces adquiere sentido.

Es una idea interesante, una, que ni es creyente ni es claro está cristiana, no termina de entender qué interés ha tenido la iglesia en que uno ame o no ame a quien sea por decreto. En la antigua Grecia los temas del cuerpo, del sexo y del amor, y en Roma igual, eran absolutamente libres; y me da que en este sentido al menos se era bastante más feliz.

Al leer a Stendhal, he sentido mucho más aprecio por don Juan…

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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