Críticas clarísimas.

Iba yo a ir a la feria del libro esta tarde, más que otra cosa a cotillear, pero no me encuentro bien, así que ya será mañana.

Lo siento, porque he tenido que cambiar el plan; aunque esto es frecuente, claro. Así que, intentando tomármelo de buen modo, entre otras cosas porque cabrearse es muy aburrido, me he puesto a leer, y a perpetrar algún cuento.

Digo lo de perpetrar porque yo no sé ustedes pero yo los cuentos no los escribo: los perpetro, y me explicaré.

Los escritores importantes escriben cuentos, y luego los publican en sitios muy importantes y entonces salen unas reseñas muy importantes también sobre la psicología de lo que han querido decir, sobre su “mundo personal”, sobre sus “referencias a situaciones ambivalentes” y cosas así, y los lectores abrimos mucho los ojos, leemos el cuento y al crítico que critica el cuento y nos quedamos convencidos de la gran carga de profundidad de la cosa.

Los escritores no importantes perpetramos un cuento, dejamos que lo lean algunos masoquistas, y después escribimos otro. Y la reseña suele ser eso de, “ ay hija, qué jaleo con tus personajes, al final no me entero de si se muere o es que lo está soñando”…

Y entonces enviamos un email sin importancia diciéndole al otro o la otra, “no, mujer, sí se muere, pero como está dormido cuando se muere pues no lo parece porque está soñando que se muere”, y entonces nos llega una respuesta tipo, “ ah, claro, ya decía yo, es que tú eres demasiado rara escribiendo”.

Lo cual nos frustra un ratito. Pero como solemos borrar el email- para que no se nos amontone el correo- se nos olvida también al ratito, y nos ponemos muy contentos cuando nos damos cuenta de que nos viene “otra idea de las tuyas” a la cabeza, y podemos escribir otro cuento. Otro cuento sin importancia, claro, y un poco rarito, porque somos raritos, ya.

Y nunca, jamás de los jamases nos harán una crítica que diga que “la carga de la profundidad de sus recuerdos afectivos demuestra la humanidad de sus personajes a través de una semántica generativa” y etcétera.

Lo cual está muy bien, porque al menos nos enteraremos de lo que quieren decir los críticos que nos critican.

Esto viene a cuento de una crítica de un libro que he leído en el País y de la que no he conseguido enterarme si el libro es bueno o malo.

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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3 respuestas a Críticas clarísimas.

  1. isoldaisolda dijo:

    Me has hecho soltar la carcajada. Recuerdo, de muy jovencita que leía las críticas de las Galerías pictóricas, donde el fulano de turno exponía. Ya era una obsesión para mí, pues de antemano sabía que no lograría averiguar si el pintor en cuestión le había gustado o no al crítico. Excuso decir que no ayudaban nada, o bien mirado, sí, pues si querías saber, te obligabas a ir y decidir por ti misma. Seguramente con los cuentos pasa lo mismo, hay que leerlos y hacerse una opinión.
    Un beso, Alena.

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  2. alenar dijo:

    Gracias wapa!…
    Es que a veces dices, digo, bueno y qué habrá querido decir…
    Y ya hoy es que directamente ni me he enterado…
    Besos.

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  3. Es que criticar la obra de alguien importantísimo tiene que dar vértigo. Entonces el crítico se marea y le bailan las letras, las palabras, las frases y las ideas, por este orden. Por no hablar de que el crítico necesita ser tan importante como el criticado, no vayan a pensar los lectores que lo importante es el libro. Noooooo, en absoluto. Lo importante es la reseña crítica, hasta ahí podíamos llegar. Y nada mejor que un lenguaje críptico y lleno de sinuosas frases que, además, les coloquen en las proximidades de algún ministerio, porque total, a veces hablan parecido. Otros sólo quisiéramos que quien lea una crítica comprenda algo más del libro criticado.

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