Viajar con Antonio Tabucchi.

He terminado, ayer concretamente, un libro entretenido, ameno, divertido, informativo y por todo eso muy interesante.

El último de Antonio Tabucchi que hizo la tontería de morirse hace unos meses, dejándonos un poco más solos en el mundo de la lectura.

Y me explicaré antes de hacer la crítica.

Hay escritores que ayudan con sus libros a que el mundo sea un lugar más comprensible para todos; puede que lo critiquen, que no les guste y que nos lo digan, pero no nos largan sermones, ni nos quieren convencer de que si no les damos la razón es que somos unos tarados mentales.

Suelen ser gente sencilla, que escribe libros que entendemos, que nos acerca realidades que no conocíamos, a veces, y otras nos habla de cosas que nos son muy cercanas, pero siempre en un tono de voz de sofá y café; donde puede dibujarse una media sonrisa, o un menear la cabeza por nuestra parte con un “pero, no me digas…”; escritores que cuando acabamos la lectura sentimos que son de los nuestros, amigos aunque no nos van a conocer jamás.

Tabucchi, en mis lecturas, era así. Escribía y yo nunca tuve el deseo de cerrar un libro suyo diciendo “que le den a usted, cacho de pedante”, por ejemplo, o “no me venda ideologías”.

Escribía sencillo, y en este libro, Viajes y otros viajes, también lo hace. Nos cuenta sus ciudades, y con ellas su historia, y además lo que siente en ellas, y también cómo pudieron ser, cómo se vieron a sí mismas, y sus costumbres- unas, lejanas, como Bombay, a nuestra forma de cultura, otras dentro de lo conocido, como Florencia- y si nos dice que no le gusta pero nada de nada Nueva Zelanda nos explica cómo se siente, y, hayamos estado o no, le entendemos a él en sus razones; no pensamos en que nos avisa para que no vayamos; no amonesta, sólo narra. Y nos narra historias locales, aproximándolas a nosotros, para que sepamos de una iglesia, de un monasterio, de un parque, o de un paseo entre árboles, incorporándolo desde entonces a nuestro imaginario; como si nosotros también hubiéramos estado con él y fuéramos viajeros de más viajes.

Si pueden léanlo. Merece la pena un amigo como Tabucchi.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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