Las “Estampas de Italia” de Dickens.

Les decía hace días que estaba acabando a Dickens y que ya les contaría.

Bien, pues ya está. Acabado, digo. El libro es Estampas de Italia, editado por Nórdica Libros.

Naturalmente es literatura. Quiero decir que aquí no hay que andar con la cosa previa de saber si el autor ha escrito un libro o un engendro. Relata, con una traducción muy cercana al lector por cierto, el viaje que el escritor hizo a este país hacia 1844, más o menos. Y es un libro muy divertido, en el que el propio Dickens se disculpa al principio porque lo que se publica fue escrito a “vuela pluma” podríamos decir.

También se disculpa – temiéndose lo peor, claro- por las críticas a la iglesia católica…

 

Pero Dickens escribe un relato o unas estampas con un humor envidiable, digo, ante la cantidad de inconvenientes del viaje, los lugares infectos donde se aloja y los problemas que va teniendo, que él dicho sea de paso, parece afrontar con una bonhomía admirable.

Nos describe una Italia muy distinta de las guías y de los panegíricos habituales, porque nos describe lo que ve; y lo que ve es un pueblo afable, divertido, sucio, lleno de mendigos, de charlatanes, sí pero también de arte y de paisajes bellos.

 

A Dickens no le gustó Italia, aunque parezca que sí, pero sí le marcó. Es decir, que no escribe de modo turista, sino como escritor, y eso se nota; sus descripciones por ejemplo de la Cuaresma, de la parafernalia del Vaticano, de la mascarada de las audiencias  y bendiciones papales, están llenas de actualidad y podrían aplicarse hoy.

Al lado de esto, está la forma en que nos cuenta cómo son las calles pequeñas, las aldeas perdidas, los lugares entre el sueño y el olvido; que a él le conmueven muchísimo más. Los paisajes, el Coliseo a la luz de la luna, el capitulo sobre Venecia lleno de lirismo y belleza, casi onírico porque lo relata como si fuera un sueño, la descripción del puerto de Nápoles y de la ciudad, que le conmueve, la impresión que le causa Pompeya, casi sobrecogida, al lado de sus opiniones sobre cuadros y artistas, completamente al margen de la opinión oficial de los críticos…todo eso a mí me ha parecido que constituye un magnífico libro, para leer este verano con la media sonrisa que debía tener el autor delante de lo que estaba viendo.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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