Ballet y creación original.

Ayer estuve viendo al ballet de Bordeaux en la representación del concierto para piano número uno de Chopin. En la tele, aclaro.

Estas cosas tienen el peligro evidente de desvirtuar la creación original, aunque a mí no fue eso lo que me dejó con la sensación de que el espectáculo fue simplemente correcto.

Es un ballet en tres pasos. El primero por decirlo suavemente y con palabras que se entiendan, es una algarabía de danzantes, que, en algunos momentos no se termina de entender qué pintan todos en escena. El segundo paso es mucho más adecuado al ritmo chopiniano; que siendo vivo nunca es trepidante, ni por supuesto alborotador. En este paso, la bailarina que baila el “solo” se salía de la media-apenas correctita- del resto. El tercer paso va en la línea del segundo. Con menos elenco y con cierta aproximación a eso que llaman armonía en los movimientos corales.

Ya estará pensando el lector lo que sin decirlo estoy transmitiendo; que no me terminó de gustar. Y es así. Había una buena voluntad danzarina evidente, eso sí, y una diferencia de calidad en el elenco también evidente; ellas sí sabían bailar. Ellos no.

Tengo debilidad por el ballet, me gusta mucho, pero lo de ayer me defraudó, sinceramente. El director del mismo era Charles Jude, director de ballet de la ópera de Burdeos; busquen sobre él, parece todo un interesante personaje, a pesar de que a mí no me terminara de convencer.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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