Galgos o podencos. Acerca del micro relato.

En las cosas estas de la literatura siempre aparecen discusiones bizantinas que, habitualmente, sirven para entretener tanto a quien discute como a quienes asisten a la discusión.

Olvidando probablemente que la función del escritor- de tener alguna, que a estas alturas también es discutible- es escribir, y dejar que sean los críticos, que para eso están, o sea, para criticar, quienes se enzarcen en si son podencos o galgos.

Ahora el asunto que mantiene en un sin vivir a parte de la fauna literaria que pululamos por estos mundos es qué cosa sea un micro relato, o más bien cómo distinguir al pobre texto pequeñito de un relato corto, y si hay que dotarlo de categoría propia o dejarle como al pobre Plutón, que ya no es planeta ni es nada, creo…digo creo porque no estoy al tanto de las últimas decisiones astronómicas.

Y el asunto se disparató ayer o antes de ayer cuando   Alberto Chimal reproducía en su blog una andanada literaria de Andrés Ibáñez contra el micro relato; andanada antigua por cierto, ya que salía en el 2009 en ABC.

 

Andamos con la neurona lista para el vituperio; se me ocurrió al leerlo.

 

Lo curioso del asunto es que se discute, se afirma, se enfada todo quisque, ahora; definir el micro relato ni por asomo.

Lo que yo me pregunto es si es tan necesario hacerlo.

Pero vamos a ver si sé explicarme yo, vaya a ser que-con razón- me acusen de lo mismo.

Para empezar y por definición casi tautológica un micro relato es un relato mínimo; en vulgar, muy pequeño.  De modo que también para empezar debería guardar las formas del relato sólo que en pequeñito. Es decir, contar algo con inicio, desarrollo y desenlace, pero de forma muy breve.

Ahora bien, otra característica de los micros, es su final abierto y permisivo con la interpretación lectora; es decir, su capacidad de sorpresa o sugerencia.

El problema- si lo hay- es a qué extensión del relato llamamos micro, y a cuál no. Y aquí sí es cierto que se pretenden hacer pasar por micros textos sencillamente breves; lo que toda la vida se ha llamado cuentos cortos. Punto.

Uno de los mejores especialistas del micro relato al que en España se ha ninguneado de  forma miserable, y que lleva años escribiéndolos es Josué Santiago; y él, que ha investigado en el género en profundidad mucho antes de que aquí saliera la moda, decía hará unos siete y ocho años que el micro relato que pasara de diez líneas corría el riesgo de convertirse en un relato corto.

Y llevaba razón a mi modo de ver; principalmente porque si estamos hablando de “micros” estamos hablando de textos brevísimos, de textos que en cinco o diez líneas nacen, se desarrollan y se terminan. No confundamos para apuntarnos a la moda.

Ahora, dicho esto; si es un género de por sí, habrá que coincidir que al menos nace de un género mayor que es el cuento; es decir, no nace por generación espontánea.  Me rechina a mí un poco cuando se quiere hacer ver que el micro no tiene nada que ver con aquel; entre otras cosas porque es también una narración.

Y para terminar, ¿tiene tanta importancia?…¿es tan trascendente saber si cuando se escribe una historia, mínima o no, pertenece a un género o a otro?…¿no es más importante para el lector leerla y para el escritor/a escribirla y pasarlo bien?…

Galgos o podencos.

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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