Mahler y la asfixia.

Ayer comprobé que no me gusta Mahler. Ya comprendo que digo herejías.

Sucede que grabé la primera sinfonía y por la noche me puse a verla.

Con la mejor de las voluntades, advierto. Es decir, con el ánimo dispuesto a que me gustase.

Pero no. No conseguí que esta escandalera precipitada se metiese en mi ánimo, ni que me pareciese más de un griterío agobiante en el que al que escucha no se le ofrece ni respiro ni medida, sino más bien un continuado ensordecerle; como si la música quisiera imponerse por decibelios.

Me cansé pronto de metales, timbales, redobles, trombones y tubas,  como anuncios de os vais a enterar, de excesos tonales para llamar la atención, de gesticulaciones.

Terminé pensando que se parece a su autor; que fue capaz de decirle antes de casarse a Alma, la que sería su mujer, que cuando vivieran juntos ella dejaría cualquier actividad para dedicarse a servirle.

Tan posesiva, tan asfixiante como él. Y tan inquietante.

Pero yo no soy Alma Mahler. Me negué a seguir escuchando

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Mahler y la asfixia.

  1. Dos cosas.
    No son herejías, son tus gustos y esos son sagrados, tanto como los de quienes encumbran a un autor generalizando. No es lo mismo la 1ª Sinfonía que el adaggieto de la 4ª, por ejemplo.
    La segunda. Entré en la música clásica por Mahler, pero ahora reconozco que me agobia un poco, que no me llega tanto. Quizá sólo sea cuestión de rachas.

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