Estatua en el jardín.

En Dr Esquerdo hay una especie de asilo de hermanitas de la Caridad, o cosa parecida.

Paso por sus puertas casi todos los días, miro, porque se ve desde la calle lo que parece un remedo de jardín, hay en el buen tiempo mesas y sillas, ancianos medio dormidos al sol o a la desmemoria.

Monjitas de toca blanca.

Hay también un silencio adivinado más allá de la verja. Extra muros todo es el jaleo de la calle; los coches, la gente, las tiendas, los perros, la vida.

Intramuros todo esto parece quedar muy lejano. Como si no existiera. Los ámbitos en los que trascurre el tiempo en ese jardincillo, alrededor de esas sillas, junto a esas flores, están como clausurados; interiorismo de alma en cuerpos sin futuro.

En el jardín hay una estatua blanca; no parece, vista de lejos, de mármol, más bien yeso modesto, o así; hoy me detengo a mirarla: probablemente el santo al que esté dedicado el edificio, o el benefactor, no tengo la menor idea. Pero viéndola semeja una estampa dieciochesca, o de un jardín romántico, viejo, antiguo, en el que nada pudiera ya ocurrir salvo el abandono.

Interrumpe la mañana su mirada. Me interrumpe el sol tan claro. La estatua en el jardín avisándome de que algún día todos estaremos dentro.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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3 respuestas a Estatua en el jardín.

  1. catherine dijo:

    Me gustaría terminar mi vida en este lugar tan tranquilo, en este jardín apacible.

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  2. Sí, tiene razón Catherine, tal y como lo pintas, a veces dan ganas de pensar en un sitio así, olvidado, olvidando, desmemoriado, desmemoriándome.
    (Repito por enésima vez, cuando las entradas de esta bitácora se hacen líricas, la emoción me inunda siempre. Una emoción nada superficial, por cierto).

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  3. Ahora me fijo en la estatua, con algo más de detalle, y estaría por apostar que se trata de San José con el Niño. No sé por qué muy típico de estas residencias. Y el perro, allí, como vigilando que la paz no se rompa desde fuera, es como el guardián del silencio.

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