Un buen poemario.

Siempre que leo poemas me echo a temblar. Quien me conoce sabe bien porqué.

En una buena cantidad de poemarios que llevo leídos, termino el libro no sabiendo si me han querido estafar o simplemente es que el propio autor/a del libro no sabe qué es un poema y se cree honradamente que los suyos lo son. Otros críticos se callan; practicando la ley del misericorde silencio. Yo suelo decirlo. Creo que quien publica un libro debe saber que se arriesga no sólo a las opiniones positivas, sino también a la crítica negativa. Y me refiero a crítica literaria. No se me ocurriría nunca decirle a un autor que es un tal o un cual por el simple hecho de que su libro sea malo; que de eso también existe, igual que existe quien se molesta por una crítica negativa literaria tomándolo como tema personal.

Todo este rollo viene a cuento de que acabo de leer un poemario compuesto realmente por poemas. En verso blanco, y alternando con heptasílabos, endecasílabos y algunas otras formas de arte mayor y  menor. Poemas que no riman, pero que tienen ritmo interno, musicalidad por tanto y estructura.

Poemario que además sugiere; es decir, que usa la palabra para mostrar más allá de lo que las palabras quieren decir; que sabe emplear los recursos expresivos, la metáfora, la metonimia, la aliteración, por ejemplo. Poemario que también expresa un mundo subjetivo propio, no impostado, no imitado, y que se abre al lector para compartirlo.

Poemario que casi nunca desciende a la palabra prosística; es decir, que la usa de modo lírico porque no está narrando, sino sintiendo.

Por todo eso, he empleado muy bien dos horas de la mañana del domingo; leyendo Cómo liberar tigres blancos, de Isabel García Mellado, editado ya hace dos años por la editorial Ya lo dijo Casimiro Parker.

Si pueden leerlo, lo disfrutarán.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Literarismos. Guarda el enlace permanente.