Templar gaitas. Sobre lecturas.

Ayer hice un comentario en Facebook que algún contertulio me preguntó a qué me refería. Dije más o menos que estaba leyendo un libro y lo había dejado por infumable. Vaya, por coñazo. Y alguien me preguntó a qué librico me refería.

 

Una suele dejar testimonio tanto de lo que le gusta como de lo que no; y me parece bastante más justo; si sólo dijera lo que me encanta estaría ejerciendo el aplausómetro; si solo dijera lo que me aburre estaría haciendo crítica destructiva.

Hay una tendencia muy habitual en la crítica literaria, que opta por callarse misericordiosamente cuando se lee algo que no gusta. A mí esas cosas me parecen un ejercicio de buenismo melifluo que me causan grima. No todo lo que se publica es literatura de calidad y no todo lo que no se publica es malo literariamente. Pero la tendencia del “ay pobre, cómo le voy a decir que no me gusta”, o peor aún, “es que es alguien importante, a ver si se enfada”, me sobra. Lo primero por hipócrita, lo segundo porque una no es tan importante como para que se enfade el importante pero sobre todo porque si se enfada es problema suyo, no de quien lee, o sea de una.

Dicho esto, los dos libros que me han parecido un coñazo de consideración son Sea View, de Toby Olson, y La Campana de Islandia, de Halldór Laxness.

No tienen nada que ver entre sí, salvo en lo coñazo.

El primero, reconozco que después de cuarenta páginas no me conseguí enterar de qué me quería contar. Hay un tipo que tiene una mujer que tiene un cáncer y parece ser que se pasa-él- la vida pensando en el golf. Y empieza a soltar un rollo técnico sobre los campos de golf y se encuentra a otro tipo que le dice que hay uno maravilloso que se llama Sea View, y decide ir.

Y ahí me paré. Todo además en un estilo de frase de ésta que una-o sea yo- termina por no saber dónde está el sujeto y dónde el predicado, porque para decir “las vacas dan leche” (es un ejemplo) se larga media página con metáforas sobre las vacas.

Pues bueno. Yo le deseé buen viaje y dejé de leer.

El segundo es otra cosa; quiero decir que en teoría debería ser un libro de aventuras, que no está mal leer alguna en verano. Lo que sucede es que es tan lineal que el malo es malísimo, el bueno buenísimo y las aventuras previsibles. Y el protagonista es un tipo que decide huir cuando le acusan de asesinato –que no sabemos si es cierto o no, porque el autor decide que lo importante es que ese tipo va a ser un héroe heroico desde el principio y “yastá”- y entonces empiezan a pasarle cosas aburridísimas con un lenguaje de época- pero de época cursi- y…

Y lo dejé, claro.

Bien. Es muy posible que ustedes los hayan leído y yo sea una tremenda ignorante por no sucumbir ante tales encantos y tal cultura, por no saber leer entre líneas y por pedir algo más a los libros que leo.  Pero…

Ya está una muy mayor para templar gaitas.

 

 

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Templar gaitas. Sobre lecturas.

  1. Mita dijo:

    ajjaja, pues sí…
    No tengo ni idea de esos dos libros, he tenido la suerte de no tropezármelos.
    Besis

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