Cierto cansancio.

No son días alegres estos de fin de agosto. Por eso las cosas que voy haciendo, aunque son las habituales: lecturas, escritura, escuchar música, andan como con un latido en sordina, como con un peso en silencio, que fuera acompañando mis cosas.

Naturalmente ya sé que remontaré esa tristeza porque a lo largo de mi vida he aprendido a hacerlo, he desarrollado espaldas muy anchas; no me ha quedado otra. Pero es cierto que este agosto ha venido teñido de oscuro, y lo noto.

Tengo ese cansancio que ya conozco muy bien; ese cansancio viejo de saber que se irán yendo las personas que quiero antes que yo. Y sí; claro que es asumido y conocido y previsible, sólo que cuando sucede cuesta tomar otra vez los remos y seguir navegando.

La gente que se marcha me va dejando un lugar de silencio cada vez más amplio, y cuesta encontrar otra vez las palabras; sobre todo cuesta empezar a hablar en pasado de quienes hemos querido.

Poco a poco. Quiero imaginar que, en compensación, septiembre será afectuoso conmigo y traerá cosas buenas. Que el otoño vendrá con sus cielos matizados a traerme viento más fresco, días más livianos.

Pero sí quería decírselo a ustedes, que quizá noten que en los últimos escritos hay como una cierta distancia, como un cierto deje de renuencia. Y no es por indiferencia, ni dejación; es este agosto que trajo nuevos silencios.

Volverán las palabras.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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