Trapiello y la “sorpresa”

Anda una terminando El Jardín de la Pólvora, de Andrés Trapiello. Este libro es uno de los de la serie El salón de los pasos perdidos; corresponde al diario del autor en 1999.

No sigo la serie; a Trapiello lo había leído muy mal hasta ahora,a trozos por así decir, salteadamente, en algunos artículos, de una forma dispersa. No me gustó nada Las Armas y las Letras, por ejemplo; me pareció un ejercicio de “y tú más” sobre la Guerra Civil, y me pareció un simple amasijo de mezquindades puestas a la luz cuando lo que fue en sí mismo una mezquindad fue la Guerra incivil. Me pareció además que estaba escrito para eso, para que lo leyera la gente que quisiera enterarse de lo mal que se portó mengano y zutano. Un libro a ver si agito y hablan de mí.

Dicho esto, me estoy divirtiendo mucho con este libro, es cáustico, tierno en el momento en que se mete en intimismos, divertido en lo que cuenta, agitador y desvelador de navajerismos literarios que no hacen sino confirmar que en el mundo de la literatura es bueno llevar chaleco anti balas, etc.

Flota en todo el libro la sensación, o al menos a mí me lo parece, de que a pesar de todo eso, de la pretendida sencillez y naturalidad de lo que se cuenta, se cuenta así para que se “hable” de lo que dice Trapiello. Es decir, contando con la lectura indignada o complacida-según sople el aire- de quienes se ven reflejados. En el estilo de Trapiello está no dar nombres pero dejar muy claro de quien se habla. Y esto no está ni bien ni mal, pero luego lo que a mí me sorprende muchísimo es que Trapiello aparente sorprenderse de las “indignaciones”.  El caso más claro es el de la mujer de Guillén; oiga si usted puso a parir al autor y su mujer le escribe con quejas, no se sorprenda. Y aparte de esto; contar eso incidiendo en sus criticas reiterativas a Guillén a mi entender el único objeto que tiene es seguir irritando a la buena señora.

Trapiello es subjetivo porque para eso escribe un diario; lo que sucede es que hacerlo público conlleva que no todo el mundo comparta esa subjetividad, porque tiene la suya, naturalmente. A Trapiello casi todo en JRJ le parece de perlas, por ejemplo, a mí no. No me parece de perlas su egoísmo yoista, ni su inquina hacia quien no le bailaba el agua y le daba palmaditas diciéndole maestro.

A donde voy a parar es a que a mí lo que me sorprende es la sorpresa de Trapiello cuando hay gente que se le “amosca”.  Salvo que sea una “sorpresa premeditada” para ir de ingenuo. Otra cosa es que a mí el libro me esté encantando, me lo esté pasando muy bien con él y lo recomiende, porque merece la pena de verdad.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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