El circo de la pena pública.

El dolor ajeno hay que respetarlo hasta que con él se comercializa.

Y como vivimos en un país en el que el dolor se retransmite por la tele, una servidora de nadie cada vez respeta menos el dolor televisivo.

Cada día me avergüenzo más de los circos que se inventan. De la bazofia moral que supone, la bajeza, ruindad, el analfabetismo que supone atizarlo o seguirlo.

Hay dos casos en España que se han convertido en un circo desde hace días.

Sobre el caso del etarra vasco ya dije lo que debía decir.

Hoy hablo del otro y no me referiré más a él.

Yo no se si José Bretón asesinó a sus hijos. No soy juez, ni fiscal, ni abogado, ni estaba con él ese día.

Me parece terrible la desaparición y presunta muerte de los dos críos. Y creo que si hay un culpable debe ser juzgado por ello.

Pero debe ser juzgado por las Leyes. No por los basureros mediáticos, ni por la masa de gente analfabeta deseando asistir al morbo. Ni por la presunta opinión pública atizada por los medios para dar aullidos de compasión y de venganza según toque.

Ahora la señora madre de los niños escribe una carta a los niños que aparece convenientemente en la prensa.

¿Cuánto la han pagado por ello?

¿Cuánto va a tardar en salir en un programa de telebasura?…

Con todas las salvedades que ustedes quieran ponerle, me da más asco el circo que José Bretón.

Porque el circo es constatado y José Bretón es un acusado sin más. Y en España, que presuntamente es un estado de derecho, el acusado es inocente hasta que se demuestra su culpabilidad.

Si lo es, que lo juzguen y le pongan la pena correspondiente ajustada a derecho.

Pero…imagínense por un momento que no lo fuera: ¿nos comemos con patatas la sed de sangre y los alaridos?…

Vergonzoso.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Dando el Espectáculo. Guarda el enlace permanente.