Mundo opaco.

Amanecí tarde. Quiero decir que eran las once. Andaba el día con sol picante, no sol sencillo, sino avisando. No se sabe bien de qué, pero sí que no era un sol limpio. Quien vive en Madrid conoce la diferencia entre los días cristalinos de luz solar y los opacos a pesar del sol.

Este es un día opaco. Se ha ido llenando de nubes que parecen pasajeras, como nimbos y cúmulos, pero que sin embargo se han estancado. La media bruma deviene en bochorno.

Es un domingo lento. Silencioso, además, porque en el barrio sí hay diferencia entre estos días o los laborables.

Mientras transcurre el inicio de la tarde, leo. Sigo leyendo dos libros a la vez, a Tournier, con el que me he atascado un poco, y a Natalia Ginzburg, sus Ensayos. Éste probablemente lo acabe hoy. Un excelente libro publicado por Lumen. Recoge artículos salidos en prensa; muchos- la mayoría- de antigüedad evidente pero con actualidad en los contenidos. Pienso la falta que hace este tipo de intelectuales, aunque ella ya no esté. Pienso en el “tono”. En la claridad del decir, en la honradez del “no lo se” que Natalia Ginzburg tenía. Pienso en lo difícil que es ser uno mismo en un mundo en el que lo importante es el ruido. Sus escritos siempre me llevan a pensar en la palabra “sensatez”: no una sensatez del cobarde, del apocado, del sumiso; eran –son- escritos sensatos porque no agreden al leerlos, porque no quieren hacer sangre, porque suman opinión de modo sencillo, en tono bajo, como delante de un café, conversando. Y muchos son transgresores, pero no están destinados a dañar. Pienso cuantos artículos de hoy en día no se escriben con esa rectitud. Hoy parece más importante sumar inquina; tomar partido significa hoy descalificar, ser mordaz e hiriente. Pienso en cómo Ginzburg siempre tomó partido y nunca fue hiriente.

Pienso en que es igual que el día de hoy: vivimos en un mundo opaco que quieren iluminarnos a gritos. Y estos ensayos son como un día cristalino que deshace las sombras, las brumas, con la sencillez del agua en otoño.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Mundo opaco.

  1. ¡Son tan hermosos los libros cristalinos…! (Y los días)

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