Natalia Ginzburg y los intelectuales.

Les decía hace días que andaba con Natalia Ginzburg, sus ensayos. Ya los he terminado.

No quisiera añadir mucho, salvo que los lean, dan ganas de copiar aquí frases enteras de alguno de sus artículos. Sobre todo cuando se asiste al patio de vecinos en el que se ha convertido la prensa y la política.

Eso por un lado.

Por otro lado y al hilo de esa lectura una se ha quedado pensando en la talla moral de nuestros presuntos periodistas y políticos actuales aunque sea por comparación. Más allá de la conclusión evidente de que la susodicha está en el sótano, lo que causa desmoralización es la ausencia absoluta de sentido de estado de unos y de rigor en la información de los otros. Una se queda perpleja cuando el horizonte político de cualquiera de los mindundis, manzámpulas y estafermos que nos desgobiernan es tener una consejería o manejar el dinero de la caja, sea ésta pública o privada, y cuando el rigor del periodista se reduce a preguntar al aspirante a trending post cuantas veces le vió las tetas a la puta de turno, o si fulanita se va porque el mandamás la riñó o porque no metió a un consejero en la lista. Ahora, sobre qué se quiere para un país con visión de futuro- y hablo de los próximos quince años por ejemplo- o sobre los temas realmente importantes del mundo actual, ni palabra, o las menos posibles.

Se pregunta Ginzburg por “qué es” un intelectual…dios mio, hoy esa pregunta haría sonrojar al noventa por cien de los que pasan por serlo. Pero merece la pena su respuesta a sí misma: “Se les pide[ a los intelectuales] que no desfiguren ni traicionen la verdad de las palabras y que traten de iluminar los acontecimientos y los comportamientos humanos en su exacta luz.”. ( El subrayado es mío].

Me pregunto con tristeza cuántos hay así.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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