Últimas lecturas: Nabokov, Rosario Castellanos y Enriqueta Antolín.

Esta semana pasada en la sierra leí tres libros, más concretamente acabé uno que tenía empezado en Madrid y allí empecé y terminé los otros dos.

Son libros dispares y de diferente calidad.

El primero es un clásico, habla memoria, de Nabokov, el segundo es la poesía de Rosario Castellanos y el último es la reciente novela de Enriqueta Antolín, Qué escribes, Pamela.

Nabokov, al que yo no he leído en narrativa, escribió este libro reflejando no su vida, que también, sino un mundo personal y subjetivo que se muestra deslumbrante. Pongo aposta el adjetivo. No sólo cuenta sino que recrea; no es un autor fácil, por tanto, porque al contar lo hace estéticamente, y naturalmente lo que deviene no es solo una biografía al uso sino una manera de ver el mundo.

De modo que igual nos habla de su familia, de sus recuerdos infantiles, o de sus pesadillas, que nos hace una descripción de paisajes, o de juegos-el ajedrez, por ejemplo- o de aficiones-las mariposas, para mi desdicha, porque me dan pánico, pero bueno-, y todo esto con estilo de fraseo amplio, lento y recreándose en el juego verbal.

Sobre esto sí quiero añadir algo; a veces los traductores o se pasan o no llegan; me explico; por lo que se ve por la traducción la forma de escribir del autor era de frase compleja, larga, adjetivada, con metáforas, de una continua matización de lo que está diciendo, y eso me parece muy bien que se recree; ahora bien, el traductor tiene además su propio “gusto” a la hora de elegir la palabra que considera oportuna y yo creo que para eso no hace falta usar términos extraños cuando otro término dice lo mismo y es más comprensible; el traductor usa por ejemplo la palabra “mistagogo”- han leído bien-. Suponemos que quien lee a Nabokov es un lector culto, pero la palabra es cuando menos una pedantería pudiendo usar “maestro”, o “iniciado”; sobre todo cuando, por el contexto se deduce que lo que expresa el autor es un sinónimo de “gurú literario”. Hay alguna otra de este jaez; y a mí me rechinaba; sí, subjetivamente, claro, pero me parecía estar delante de alguien que me estaba diciendo “fíjate las palabritas que se”…

Por lo demás, el libro tiene una enorme ternura, una intimidad con el lector entrañable, y un lirismo que es dificilísimo hallarlo en prosa.

 

La Antología de Rosario Castellanos, poeta mejicana fallecida en 1974 en Israel, reúne sus poemas bajo el titulo de  Juegos de Inteligencia, seleccionados por Amalia Bautista. La prologuista y seleccionadora nos habla de Castellanos como de un ejemplo de las luchas de una mujer por dejar de ser invisible como escritora y de expresar su sentimiento como tal.

Sin embargo, a mí me parece –muy subjetivamente- que los poemas de Castellanos son bastante tradicionales; no encuentro a esa mujer que se nos dice en el prólogo; los temas, entre los que predomina la decepción amorosa, me parecen trillados, con tópicos literarios ya conocidos, y con , a ver cómo lo digo, una cierta “impostación” de la voz lírica; es decir que no me resultaban sinceros, sino escritos de modo artificial.

A mí no me han gustado. Salvo algún ejemplo aislado no vi por ninguna parte a una mujer luchadora, sino a alguien que continuamente se está quejando. Eso en cuanto a los temas; en cuanto al estilo, son versos larguísimos, de arte mayor, reiterativos a mi criterio, y que terminan aburriendo.

 

La novela de Enriqueta Antolín es la demostración de que escribir es crear,  y me explicaré. El tema es muy común; la infidelidad. No sólo amorosa sino en su sentido amplio. Ahora, eso no es lo importante de la novela; lo que me parece un acto de radical vanguardia es su estructura; su forma; aquí aparece la cuestión a mi modo de ver más importante de la novela actual: Quién narra. La cuestión del narrador, que algunos han querido reducir a lo de las “voces narrativas”, a las comillas, a los monólogos interiores y el uso del tú y el ellos, como si eso capacitara ya para analizar un texto y no existieran otras formas, Antolín se lo salta a la torera y va y pide lectores inteligentes con ganas de divertirse. Y se convierte su escrito en un juego de espejos-que se reflejan- y de laberintos, por los que perderse. Y es una maravilla, porque que esto lo haga una “persona tan mayor” como dirán algunos, demuestra que para ser radicalmente innovador, inteligente y provocador no hay que tener necesariamente veinte años; y quizá no haya que tenerlos- veinte años- porque entonces no se sabe narrar; faltan las experiencias para ello.

Es una joya el libro; no sólo por saber qué escribe Pamela, sino por averiguar quien escribe a Pamela, y quien lee a Pamela.

Cómprenselo.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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4 respuestas a Últimas lecturas: Nabokov, Rosario Castellanos y Enriqueta Antolín.

  1. Hasta la fecha, Alena; tu has sido mi gran Mistagoga.
    Saludos.

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  2. alenar dijo:

    Hiperbólico te hallo…

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  3. Obvio que exagero un poco. Recuerda que cuando no hay mucha visibilidad; se requiere de luminarias y tu aunque con parpadeos; has iluminado mi entendimiento. Gracias.

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